Rezo de Laudes y Vísperas

La Liturgia de las Horas es la oración diaria de la Iglesia, que marca las horas de cada día y santifica el día con oración. Las Horas son un diálogo meditativo sobre el misterio de Cristo, que usa Escritura y oración. A veces el diálogo es entre la Iglesia o el alma individual y Dios; a veces es un diálogo entre los miembros de la Iglesia y a veces es incluso entre la Iglesia y el mundo.

Ofrecemos este recurso para las entidades, movimientos, grupos de la Iglesia Católica que deseen unirse al rezo de la Liturgia de las Horas. Elaborado en colaboración con el Departamento de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Ibagué y el Seminario Mayor María Inmaculada.

Oración de la Tarde — Vísperas

«Se celebran las Vísperas por la tarde, cuando atardece y el día va de caída, ‘en acción de gracias por cuanto se nos ha otorgado en la jornada y por cuanto hemos logrado realizar con acierto’ (S. Basilio el Grande, Regulæ fusius tractatæ, resp. 37, 3: PG 31, 1015). También hacemos memoria de la rendición por medio de la oración que elevamos ‘como el incienso en presencia del Señor’, y en la cual ‘el alzar de nuestras manos’ es ‘como ofrenda de la tarde’ (cf. Sal 141 [140], 2).

Lo cual ‘puede aplicarse también con mayor sentido sagrado a aquella verdadera ofrenda de la tarde que el divino Redentor instituyó precisamente en la tarde en santos misterios de la Iglesia, y que ofreció al Padre en la tarde del día siguiente, que representa la cumbre de los siglos, alzando sus manos por la salvación del mundo’ (Casiano, De institutione cœnobiorum, lib. 3, cap. 3: PL 49, 124. 125).

Y para orientarnos con la esperanza hacia la luz que no conoce ocaso, ‘oramos y suplicamos para que la luz retorne siempre a nosotros, pedimos que venga Cristo a otorgarnos el don de la luz eterna’ (S. Cipriano, De oratione dominica, 35: PL 4, 560). Precisamente en esta Hora concuerdan nuestras voces con las de las Iglesias orientales, al invocar a la ‘luz gozosa de la santa gloria del eterno Padre, Jesucristo bendito; llegados a la puesta del sol, viendo la luz encendida en la tarde, cantamos a Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo…'» (PNGLH, n. 39).