Leonardo Padura: “En Cuba hay largas colas para comprar un pedazo de pollo, pero la salud funciona”

Cuban writer Leonardo Padura poses for a picture during an interview with AFP at his home in Havana, on April 28, 2020. - After defeating all the species in the planet, the human being is now cornered by a “microscopic bug”. For Padura, the real coronavirus in the world is man, who has now had to resign kisses and hugs. (Photo by ADALBERTO ROQUE / AFP)

El escritor vive la pandemia en La Habana. Desde allí, dice que hay problemas pero rescata que el virus dejó pocos muertos y elogia a los médicos cubanos. De qué va la nueva novela, que acaba de entregar y donde aparece Buenos Aires.

Cubano en Cuba pero personaje del mundo, el escritor Leonardo Padura vive la pandemia en un barrio de La Habana, desde donde ha sabido ser crítico de su sociedad y ganarse un lugar en las letras del mundo.

Es uno de los escritores contemporáneos más celebrados del continente, autor de una docena de títulos traducidos a 30 idiomas y multipremiado (obtuvo el Premio Princesa de Asturias en 2015 el y Premio Nacional de Literatura, en 2012).

«Hoy el sistema tiene las virtudes y defectos que conocemos, siempre ha habido debilidades y son las que se muestran a partir de esta crisis global de la pandemia que padecemos», dice.

-¿Problemas en el sistema de salud cubano?

-Son problemas económicos, antes que de salubridad: en la esquina de mi casa se arman colas larguísimas para comprar un pedazo de pollo, aunque el sistema también nos aporta la atención de salud pública universal que, con todos los problemas del mundo, de todas formas funciona y ha habido menos de cien muertos y muy pocos contagiados por día. Hay que señalar lo malo y también ser honesto y reconocer lo bueno. También rescato el altruismo de los médicos cubanos que han salido fuera de Cuba.

-En la Argentina, donde tenemos muchos y muy buenos profesionales, fue fuertemente cuestionada la contratación de esos médicos.

-Todas las lecturas políticas son respetables: hubo polémica en Brasil, donde fueron expulsados por Bolsonaro; en Ecuador, donde ocurrió lo mismo; en Argentina, donde también se discutió esta cuestión, y se han dicho muchas cosas. Lo que no creo que pueda ser motivo de disputa es la actitud personal de esos médicos, que en muchos lugares del mundo, y en el caso de Brasil es especialmente ejemplar, curaban a los enfermos que los médicos brasileños ni siquiera miraban.  Merecen todo mi respeto. La política del gobierno cubano es una cosa y podremos estar o no de acuerdo, todo es respetable. Me resulta más interesante pensar hasta qué punto este virus ha  complejizado todos nuestros escenarios conocidos.

-Una fenomenal paliza al ego de la especie.

-Nos demuestra que el homo sapiens, triunfador en la evolución en este período de la tierra desde su aparición, ​ha sido derrotado junto a la civilización que ha creado, el virus ha puesto en jaque su inteligencia, nada menos.​

-¿Por qué habla de una derrota?

-El miedo al que nos somete, la parálisis económica, una catástrofe en efecto dominó para las economías mundiales, a mí me hacen pensar en una derrota, para el mundo entero. Debería obligarnos a ser más modestos y tener más conciencia de que somos parte de un engranaje que nos involucra a todos y a las demás especies. Como especie, hemos sido demasiado soberbios.

-¿Qué queda, a partir de entonces, de aquella utopía que encarnó para tantos la Revolución? 

-Un amigo me decía en estos días​ ‘No es posible vivir en la utopía pero tampoco es posible vivir sin utopías», y creo que es una forma de sintetizar lo que ocurre en esta novela en la que no hago una conceptualización política pero sí reivindico la necesidad del hombre de creer en algo. Vamos modificando nuestras creencias, pero no podemos vivir sin creer con vehemencia. En el plano político, aquí sigue habiendo un sistema de partido único, pero Cuba ha cambiado muchísimo en estos años.

Libro nuevo, a pesar de todo

El título de la próxima novela de Leonardo Padura -acaba de entregar el libro a sus editores españoles y piensa presentarlo este año, a pesar de la pandemia– alude directamente a aquel himno de los años 60 que afirmaba que las respuestas a las preguntas que una generación entera se hacía respecto del futuro, estaban flotando en el viento.

Blowing in the wind (1962), del cantautor estadounidense y Nobel de Literatura Bob Dylan, fue la canción más famosa e influyente de esa década porque representaba con poesía el sentir de millones de jóvenes que se mostraban dispuestos a cambiar un mundo enfermo y luchar por un puñado de sueños colectivos.

Padura, que hoy tiene 64 años, era entonces parte de aquella juventud testigo de la Revolución Cubana (1959) aunque terminaría convirtiéndose en un cronista del  desencanto: como el detective Mario Conde, personaje emblemático de sus policiales, el autor refleja en sus obras la realidad cubana desde su perspectiva. Lo hace con una mirada crítica parecida a la de muchos de sus contemporáneos, aquellos que, como él, optaron por no abandonar la isla. Y también la de quienes se vieron empujados el exilio, iniciando una diáspora que los tiene dispersos por el mundo. 

Ese, el de la diáspora cubana, es justamente el tema sobre el que gira su nueva aventura literaria, Como polvo en el viento, que saldrá, como sus anteriores novelas por Tusquets. Sus propias visiones -así como las de quienes se fueron de Cuba- son las que presta nuevamente a sus personajes; esta vez, integrantes un grupo de amigos se mantiene unido más allá de las distancias obligadas que impone el exilio.  

«Mi generación creció en esa ilusión de utopía socialista y después sufrió un gran desencanto», juzga el autor de El hombre que ama los perros, que sigue cuidando de su madre de 92 años en la misma casa en la que nació.

-El tema de la diáspora atraviesa buena parte de su obra, es recurrente.

-Es que mi generación se ha esparcido como el polvo en el viento, a lo largo de los años. Es un tema el del exilio, la diáspora, ha sido una constante sobre la que he vuelto en varias de mis novelas. Como en La novela de mi vida (2002), en la que la esta cuestión del destierro y la nostalgia cobra un lugar central, con la figura del poeta José María Heredia, que fue el primer exiliado cubano.

-No fue el único.

-En el resto de mis novelas han aparecido numerosísimos personajes que se han ido y han vivido la experiencia del exilio, y hace 5 años escribí el guión de Regreso a Ítaca, junto a Laurent Cantet, que es la historia de un cubano que regresa a su país y se reencuentra con sus amigos y sus viejos problemas. En este caso, el de Como polvo en el viento, habrá personajes que permanecen en Cuba, como yo, y otros que transitan por escenarios como el sur de la Florida, Nueva York, Washington, Madrid, Barcelona, Puerto Rico, incluso Buenos Aires, donde dos personajes mueren en un accidente laboral. La realidad cubana me duele en la medida en que ha sido mi vida, y yo además tengo un fuerte sentido de pertenencia, a mi país, ciudad, a mi barrio…

-¿Se ha propuesto deliberadamente dar cuenta de esa realidad a la que pertenece, o no cree que el escritor elija sus temas de una manera puramente racional? 

-Yo creo que no es deliberado, efectivamente, y que los caminos de la creación son honestamente más misteriosos. En mi caso, que soy un escritor más bien realista, creo que escribo sobre lo que veo y me informo, aunque dar cuenta de esa realidad suponga un reto, porque la literatura no está para explicar la realidad sino para reflejarla. Son los sociólogos, los historiadores o los filósofos aquellos que cargan con la responsabilidad de explicarla, en todo caso. Yo solo me propongo escribir sobre ella y sin caer en el folklore y los costumbrismos, más bien intentando alcanzar una reflexión universal.

-¿Cómo sería?

-​Se lo respondo con una frase de Unamuno, que ha sido mi credo: «Hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local; y, en lo limitado y circunscrito, lo eterno». Creo que es una lección de cómo el escritor debe intentar reflejar su entorno sin faltar a la reflexión sobre la condición humana.

-La nostalgia del desterrado es un tema universal…

-Exacto, la pérdida de la cercanía, las costumbres, la familia, en alguna medida es algo que absolutamente todos conocemos, incluso si no hemos vivido en el exilio en carne propia, algo que de todos modos ha afectado a millones de personas, incluso a los refugiados.​ Me toca reflejar ese asunto desde la mirada de los cubanos.

-¿Y cuál es la Cuba que retrata en esta nueva novela, considerando que a su vez se trata de una realidad dinámica, en permanente cambio?

-En esta novela me centro en un tiempo que transcurre entre 1989 y 2016, porque es el período en que mi generación transita su adultez e ingresa en la tercera edad. Yo cumplí 35 en el año 90 y es cuando se registra un gran quiebre, en el momento en que se derrumba la Unión Soviética, se termina el socialismo en Europa del Este y Cuba se ve afectada por una grave crisis económica que tuvo un nombre eufemístico, «período especial en tiempo de paz», una época en la que no solo faltó todo lo material, sino que se produjo un quiebre en nuestras aspiraciones de desarrollo, prácticamente se paraliza el país, por lo que mucha gente elige el exilio…

-¿Cómo definiría ese éxodo masivo?

-Como un desangramiento muy doloroso y muy largo, que además tuvo un pico en el año 94. Desde entonces hemos vivido una vida diferente, y sobre ese quiebre y lo que vino después es de lo que yo fundamentalmente hablo desde la ficción. Me centro en esa curva de 25 años que describo.

-¿Cómo imagina el mundo,  y puntualmente el futuro de Cuba, a partir -o después- de esta pandemia?

-La situación económica de todos los países del mundo será calamitosa y habrá que tomar medidas de caracter económico para recomponer ese tejido que inevitablemente se resquebraja, lo mismo en Cuba. Mi país tiene una excelente oportunidad en este momento de introducir cambios profundos en su infraestructura económica para volverla más funcional, productiva y eficiente. Creo que éste es el momento de hacerlo. Aquí hay una situación de dualidad monetaria que también debería resolverse, ahora que no hay turismo: el gobierno debería decidirse a sacarnos de esta desgracia económica en la que estamos inmersos hace más de veinte años.

-¿Qué otras cuestiones le preocupan, en relación a nuestro futuro colectivo?

-Uno de los mayores riesgos es claramente la concentración de poder de las grandes empresas, que están en situación de mayor ventaja frente a las pequeñas y medianas. Éstas se verán muy afectadas: en Italia, ya se habla de que el 33 por ciento no va a resistir, y la economía italiana está fundada en esos pequeños negocios familiares; una panadería, una panadería, un taller de costura. Y otro problema es que China manejando la pandemia nos da una pauta de cómo puede ser llegar a ser un mundo  hipervigilado, en el que cada acto de la vida de las personas está controlado por un poder central, un partido o cualquier otra forma de Big Brother, al estilo que planteaba 1984, de Orwell ¿Nos controlarán la temperatura y también lo que comamos, hagamos, y hasta caguemos?

-¿Imagina que podría ser así?

-No me sorprendería para nada.

-¿Qué papel les cabría al arte y a la literatura, en ese mundo distópico?

-El mismo que han tenido siempre: ​ser poderosas herramientas para la reflexión. Yo mismo tengo la intención de escribir una historia de estos tiempos mirando hacia ese futuro y teniendo una conciencia de cómo será ese nuevo mundo. Los artistas y los escritores tenemos -más allá de que podamos tener afinidades políticas, e incluso una militancia- asumimos una posición civil, respecto de nuestra realidad, y una conciencia más o menos crítica de la realidad de nuestros países que aportamos a la conciencia global. Tenemos las mismas esperanzas y desesperanzas que todos, pero cargamos con la gran responsabilidad de contar lo que vemos, mientras los demás gozan del placer de sentarse a leer.


Tomado del diario Clarín (Ar)