«The Wall»: la noche que Roger Waters hizo historia en Berlín

Foto: Getty Images / AFP / O. Anderson

Roger Waters, de la banda Pink Floyd, escribió historia musical hace exactamente 30 años, en la Potsdamer Platz de Berlín. La caída del muro se repitió simbólicamente en el ya legendario concierto «The Wall».

La Potsdamer Platz de Berlín es un lugar simbólico para la historia alemana del siglo XX. En la emergente ciudad cosmopolita de Berlín, en la década de 1920, se convirtió en punto clave no solo del creciente tráfico de vehículos, sino también de la escena cultural cosmopolita e innovadora de la ciudad.

Unos años más tarde, poco quedaba de ello: la Potsdamer Platz fue destruida en gran medida durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler se suicidó en el búnker debajo de la plaza, y escapó así el juicio de los victoriosos aliados.

Pero eso no fue todo: la posterior división alemana también tuvo lugar, literalmente, en la plaza: la Potsdamer Platz se convirtió en una zona restringida en la llamada «tierra de nadie”, al lado del Muro de Berlín.

Dada esta historia, queda en claro la importancia del lugar cuando se trata de recordar el legendario concierto «The Wall», que Roger Waters, de Pink Floyd, encabezó en la Potsdamer Platz el 21 de julio de 1990, el año de la reunificación alemana.

Experiencia global y espacio común

«No se está preparando ningún congreso político, ni se realizará aquí una convención entre dos partidos hermanos del Este y el Oeste», escribió el semanario Der Spiegel en 1990, en su informe preliminar sobre el concierto. Se refería así al ímpetu de los principales eventos masivos alemanes en el siglo XX.

En cambio, se trataba de un concierto benéfico de proporciones gigantescas, que se realizó el 21 de julio, exactamente hace 30 años: la construcción, que duró más de cuatro semanas, de la mega tribuna de 168 metros de largo y 41 metros de profundidad. Para esa tarea se empleó a unas 600 personas, y se dijo entonces que 220.000 boletos habían sido vendidos por adelantado. Las grúas estaban listas para maniobrar enormes monigotes, y también se movilizaron varios helicópteros, una banda de alientos del Ejército Rojo, y célebres músicos como Bryan Adams, Cyndi Lauper o Scorpions como comparsas.

Sin embargo, fueron los tonos más tranquilos los que resonaron particularmente: «¿Qué usaremos para llenar los espacios vacíos donde solíamos hablar?», se pregunta Pink, el protagonista del álbum diseñado como ópera rock. En la canción «Empty Spaces», golpea de lleno el corazón dividido de Alemania.

¿Cómo puedes comunicarte después de tantos años de separación y confrontación entre Oriente y Occidente? A 30 años de distancia, el intento de respuesta del concierto es claro: convirtiendo, con el gigantesco espectáculo de rock y 350.000 asistentes, a la Potsdamer Platz en un enorme y común. Millones de espectadores en todo el mundo se acercaron, a través de sus televisores, para participar de esa nueva experiencia ocurrida en Alemania.

«The Wall” rompe récords

No era del todo previsible que aquel concierto funcionara tan bien. El álbum «The Wall” ya tenía once años de haber salido al mercado. En noviembre de 1979, marcó un cambio de estilo en la música de Pink Floyd, pero esto no le restó éxito: antes del concierto en Berlín, «The Wall” ya había vendido 19 millones de copias. El concierto ya había sido escenificado 31 veces en Estados Unidos, Londres y Dortmund, y se había hecho una película en 1982 con Bob Geldof en el papel principal. Hasta la fecha, «The Wall» tiene el récord como el álbum doble más vendido, y sigue siendo uno de los 30 álbumes más exitosos de la historia.

Este éxito del álbum, para el cual Roger Waters escribió la mayoría de las canciones, también llevó a su salida de Pink Floyd. El cantante y bajista reclamó el control artístico exclusivo, hubo una disputa, y Waters dejó la banda en 1985. Cuando entonces se le preguntó en una entrevista si volvería a interpretar la ópera rock en su totalidad, responde con un claro «No». Pero si cae el Muro de Berlín, quizá lo reconsidere, agregó.

Cinco años más tarde, lo inconcebible en 1985 se había convertido en realidad, y Waters inmediatamente recibió propuestas para volver a escenificar «The Wall”. El «Fondo Conmemorativo para el Socorro en Desastres», lanzado un año antes en Reino Unido para recolectar donaciones,  planeaba un concierto benéfico.

Memoria e historia como gran espectáculo

Así que Waters buscó una banda para reemplazar musicalmente a sus antiguos colegas de Pink Floyd, y tocó el legendario concierto hace 30 años. Era mucho más que «solo» la música. Esto queda claro en Waters «Another Brick In The Wall, Part 1», la hermana pequeña de quizás la canción más famosa de Pink Floyd. El protagonista Pink piensa en su padre, que no regresó de la guerra: «Papá ha volado a través del océano, dejando solo un recuerdo». Este recuerdo se visualiza en la forma de un ladrillo de poliestireno, que forma una pared junto con otros traumas y recuerdos: «En general, fue solo un ladrillo en la pared».

En el concierto de 1990 en Berlín, el simbolismo de dicho muro era otro, y muy claro: con 168 metros de largo y 25 metros de altura, la enorme instalación representaba recuerdos dolorosos, desgarrados, biografías y realidades de la vida, así como el autoaislamiento ideológico en la historia alemana. A este respecto, el final del concierto también puede entenderse como una terapia grupal histórica para que Alemania se reencontrara.

Cuando el gigantesco muro fue derribado después de dos horas, en cuanto sonó la frase clave «derribar el muro», la multitud celebró frenéticamente. Olvidó los problemas técnicos del espectáculo, como fallas de energía y una calidad de sonido miserable, porque históricamente fue un espectáculo mucho más relevante: la multitud unida en el evento en Potsdamer Platz y frente a las pantallas no solo había experimentado un gigantesco espectáculo de rock, sino que vivió, una vez más, la caída del Muro de Berlín.


Tomado del portal alemán DW