Trump empeora las tensiones en Medio Oriente, y muchos árabes temen por otra guerra

Foto: Oficina de la Presidencia de Irán

Las amenazas del gobierno de Donald Trump contra Irán son, para muchos, alardes que no ejecutará, sin embargo, hay quienes se preguntan si el presidente de Estados Unidos está preparando el terreno para un ataque real.

Por: Declan Walsh

The New York Times (Es)

El CAIRO — Los tambores de guerra están sonando en Medio Oriente, impulsados por el gobierno de Donald Trump y por ataques contra buques petroleros y un oleoducto de Arabia Saudita. Sin embargo, Rohile Gharaibeh, un prominente político y columnista jordano, lo ha observado todo con una mezcla de desdén y exasperación.

“Es un circo”, así describió Gharaibeh los eventos recientes en una entrevista telefónica; como poco más que un espectáculo con varios actores extranjeros en escena. “No son más que embustes para ejercer más presión contra Irán”.

Mientras el gobierno de Trump ataca a Irán, en lo que muchos consideran como ecos alarmantes de las tensiones previas a la guerra de Irak en 2003, la gente en todo el mundo árabe intenta averiguar cuán preocupados deben estar. En diversas entrevistas, escritores, empresarios y exiliados expresaron temor ante la posibilidad de una guerra potencialmente calamitosa entre Estados Unidos e Irán, un enfrentamiento que se ha venido gestando desde el asedio de la embajada en Teherán en 1979.

Sin embargo, también se han acostumbrado a las actuaciones de un presidente estadounidense que suele favorecer a la bravuconería por encima de la diplomacia como herramienta de negociación, para retractarse al final.

“Si nos creyéramos todo lo que Trump ha dicho en los últimos tres años, habríamos sido testigos de guerras con China, Corea del Norte y México”, dijo Joseph Fahim, crítico egipcio de cine. “El tipo es un payaso. No tiene seriedad. No sabemos si debemos creer en estas amenazas o si simplemente forman parte de otro de sus muchos espectáculos”.

En el Líbano, Rami G. Khouri, académico en la Universidad Americana en Beirut, habló desde la terraza de su apartamento, con vista al Mediterráneo. “Estoy observando el entorno para ver si los misiles estadounidenses atraviesan el horizonte”, dijo, sarcástico.

En la capital catarí, Doha, el empresario Farhad Sayed acababa de terminar el suhoor, su última comida antes de comenzar el ayuno diario del Ramadán al amanecer. “Esto quizá lleve a algo pequeño”, dijo sarcásticamente.

No obstante, detrás de las bromas y el escepticismo se encuentra la preocupación de que el enfrentamiento progresivo pueda ser la excepción a la regla, el momento en que las tácticas del presidente Donald Trump accidentalmente inicien una guerra indeseada entre Estados Unidos y el Medio Oriente.

“¿Podría escalar, convertirse en una guerra declarada?”, preguntó Fahim. “Quizá”.

Esas tensiones ya se sienten en zonas de la península arábiga. Durante las primeras horas del jueves 16 de mayo, grandes explosiones sacudieron Saná, la capital yemení, mientras aviones de guerra de la coalición encabezada por los sauditas ejecutaba una ola de ataques aéreos contra blancos vinculados con los rebeldes hutíes, quienes colaboran con los iraníes y controlan la mayor parte del norte de Yemen.

Los ataques aéreos ocurrieron dos días después de que los hutíes se adjudicaron la responsabilidad de un ataque contra un oleoducto en Arabia Saudita, el principal rival de Irán en la región y, junto con los Emiratos Árabes Unidos e Israel, el principal simpatizante de la agresiva postura del gobierno de Trump contra Irán.

El Ministerio de Salud de Yemen dijo que seis personas habían sido asesinadas en los ataques aéreos del jueves, entre ellos cuatro niños. Los funcionarios hutíes distribuyeron fotografías explícitas de niños ensangrentados y cubiertos de polvo que yacían en camas de hospital.

En un editorial publicado el 16 de mayo, Arab News, el principal diario saudita en inglés, señaló que los próximos ataques podrían tener como blanco a Teherán.

“Nuestro punto de vista es que deben atacarlos con fuerza”, comentó el diario, que a menudo refleja la postura saudita oficial. “Aunque la guerra siempre es el último recurso, una respuesta internacional es imprescindible para frenar la intromisión iraní”.

El enfoque de Trump respecto a Irán, diseñado principalmente por su asesor de seguridad nacional, John R. Bolton, “es lo único que ha entendido totalmente bien”, dijo Mohammed Alyahya, editor jefe de Al Arabiya, un canal de noticias propiedad de sauditas con sede en Dubái.

“Los iraníes querían esperar a que se acabara el gobierno de Trump”, dijo Alyahya. Pero cuando el presidente volvió a imponer duras sanciones al petróleo, “se dieron cuenta de que no podrían esperar. Por eso este frenesí de actividades en el golfo”.

“Lo enfermizo de verdad es ver que los defensores de Irán en Occidente están buscando excusas”, agregó, y señaló el apoyo iraní al presidente Bashar al Asad en Siria. “Algunas de las cosas que se escuchan de boca de los detractores de Trump harían que un sirio que perdió a su familia sintiera vergüenza ajena”.

Bruce Riedel, exfuncionario de la Agencia Central de Inteligencia que ahora trabaja en la Institución Brookings, dijo que el apetito de Arabia Saudita por un enfrentamiento con Irán contrastaba drásticamente con la postura del antiguo liderazgo.

El gobernante anterior, el rey Abdulá, se oponía enérgicamente a un conflicto abierto, incluso al punto de difuminar la responsabilidad iraní por el ataque terrorista en las torres Khobar en 1996, en el que murieron diecinueve empleados de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, país que concluyó que el responsable había sido Irán.

No obstante, bajo el mando del príncipe heredero Mohamed bin Salmán, gobernante saudita de facto aunque su padre anciano todavía sigue en el trono, “les gusta el enfrentamiento”, dijo Riedel.

Comentó que, en un presagio ominoso, el año pasado apareció en internet un video animado en el que se veía al príncipe heredero —al que a menudo se hace referencia mediante sus iniciales, MBS— liderando una invasión saudita de Irán. “Si ese video revela algo sobre la mentalidad de MBS, entonces todos debemos estar muy preocupados”, agregó Riedel.

Las declaraciones intransigentes de la Casa Blanca, así como la repentina profusión de incidentes como el misterioso ataque del domingo 12 de mayo contra dos barcos petroleros sauditas, han atizado temores acerca de que Trump y sus asesores intentan crear argumentos a favor de la guerra, de la misma manera en que el gobierno de Bush lo hizo antes de la invasión a Irak en 2003.

Al mismo tiempo, muchos árabes sienten que se debe contrarrestar el expansionismo iraní. A través de alianzas con grupos armados locales, o mediante el contrabando de armas y dinero, Teherán no ha dejado de extender su huella en toda la región durante los últimos quince años. Su arco de influencia recorre Irak, Siria, Líbano, Gaza y Yemen.

“Irán ha creado la atmósfera adecuada para este belicismo”, dijo Monalisa Freiha, editora del diario An Nahar en el Líbano. Sin embargo, agregó que tenía poca fe en que el enfoque de Trump terminara siendo una oposición exitosa a la agresión iraní.

“No veo una guerra calculada en el horizonte”, comentó. “Pero los malos cálculos son posibles en cualquier momento”.


Tomado de portal del diario The New York Times (Es)

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