Bob Dylan tiene muchas cosas en la cabeza

Foto: Rough and Rowdy Ways es el primer álbum de canciones originales que Bob Dylan lanza desde 2012.Credit...Kevin Winter/Getty Images

En una inusual entrevista el ganador del Premio Nobel habla sobre la mortalidad, la inspiración que encuentra en el pasado y su nuevo álbum, Rough and Rowdy Ways.

Por: Douglas Brinkley

The New York Times

Hace algunos años, sentado bajo la sombra de los árboles en Saratoga Springs, Nueva York, tuve un diálogo de dos horas con Bob Dylan que abordó temas como Malcolm X, la Revolución francesa, Franklin Roosevelt y la Segunda Guerra Mundial. En un momento, me preguntó qué sabía de la masacre de Sand Creek de 1864. Cuando le respondí que no sabía lo suficiente al respecto, se levantó de su silla plegable, subió a su autobús de giras y regresó cinco minutos más tarde con unas fotocopias que describían la manera en que los soldados estadounidenses habían masacrado a cientos de cheyennes y arapahoes pacíficos en el sureste de Colorado.

Dada la naturaleza de nuestra relación, me atreví a comunicarme con él en abril, en medio de la crisis del coronavirus, tras el lanzamiento inesperado de su canción épica de 17 minutos “Murder Most Foul”, acerca del asesinato del presidente John F. Kennedy. Aunque no había ofrecido entrevistas fuera de su propio sitio web desde que ganó el Premio Nobel de literatura en 2016, aceptó charlar por teléfono desde su casa en Malibú, California, una conversación que resultó ser su única entrevista antes del lanzamiento el viernes 19 de abril de Rough and Rowdy Ways, su primer álbum de canciones originales desde Tempest, en 2012.

Como la mayoría de las conversaciones con Dylan, Rough and Rowdy Ways explora un territorio complejo: trances e himnos, blues desafiantes, anhelos románticos, yuxtaposiciones cómicas, juegos de palabras de un bromista, ardor patriótico, firmeza inconformista, cubismo lírico, reflexiones sobre la vejez y satisfacción espiritual.

En la fabulosa y energética “Goodbye Jimmy Reed”, Dylan honra al músico de blues de Misisipi con melodías feroces de armónica y una letra subida de tono. En el blues lento “Crossing the Rubicon” siente “los huesos debajo de la piel” y considera sus alternativas antes de la muerte: “A tres millas al norte del purgatorio, a un paso del más allá / Hice una oración a la cruz, besé a las chicas, y crucé el Rubicón”.

“Mother of Muses” es un himno al mundo natural, los coros de gospel y militares como William Tecumseh Sherman y George Patton, “quienes despejaron el camino para que Presley cantara / quienes le despejaron el camino a Martin Luther King”. Además, “Key West (Philosopher’s Pirate)” es una meditación etérea acerca de la inmortalidad ambientada en un trayecto por la Ruta 1 hacia los Cayos de la Florida, con el acordeón de Donnie Herron, cuyo sonido nos recuerda a Garth Hudson, de The Band. En ella, rinde homenaje a “Ginsberg, Corso y Kerouac”.

Quizá algún día escribirá una canción o pintará un cuadro para honrar a George Floyd. En las décadas de 1960 y 1970, tras el ejemplo del trabajo de los líderes negros y el movimiento de los derechos civiles, Dylan también trabajó para exponer la arrogancia del privilegio blanco y la perversidad del odio racial en Estados Unidos a través de canciones como “George Jackson”, “Only a Pawn in Their Game” y “The Lonesome Death of Hattie Carroll”. Una de sus frases más feroces acerca de la policía y la raza quedó plasmada en “Hurrican”, su balada de 1976: “Así son las cosas en Paterson / Si eres negro, mejor no salgas a la calle / A menos que quieras llamar la atención”.

Pude comunicarme brevemente con Dylan, de 79 años, un día después del asesinato de Floyd, en Mineápolis. Claramente impactado por el horror que había ocurrido en el estado donde vive, sonaba deprimido. “Me sentí horrorizado de ver cómo torturaron a George hasta matarlo de esa manera”, dijo. “Fue espantoso. Esperemos que la familia de Floyd y la nación obtengan justicia de inmediato”.

A continuación, fragmentos editados de las dos conversaciones.

¿Escribiste “Murder Most Foul” como una alabanza nostálgica dedicada a un momento que quedó en el pasado?

Para mí no es nostálgica. No creo que “Murder Most Foul” sea una idealización del pasado ni algún tipo de celebración de un momento desvanecido. A mí me habla del presente. Siempre fue así, sobre todo cuando estaba escribiendo la letra.

Alguien subastó una serie de transcripciones inéditas en la década de 1990 que escribiste sobre el asesinato de JFK. ¿Fueron esas notas en prosa para un ensayo o esperabas escribir una canción como “Murder Most Foul” durante mucho tiempo?

No soy consciente de haber querido nunca escribir una canción sobre JFK. Muchos de esos documentos subastados han sido falsificados. Las falsificaciones son fáciles de detectar porque siempre hay alguien que firma mi nombre en la parte inferior.

¿Te sorprendió que esta canción de 17 minutos fuera tu primer número uno en Billboard?

Me sorprendió, sí.

“I Contain Multitudes” tiene una frase poderosa: “Duermo con la vida y la muerte en la misma cama”. Supongo que todos nos sentimos de esa manera cuando llegamos a cierta edad. ¿Piensas a menudo en la mortalidad?

Pienso en la muerte de la raza humana, en el largo y extraño trayecto del simio desnudo. No es por ser ligero en ello, pero la vida de todos es pasajera. Todos los seres humanos, sin importar su fuerza ni su poder, son frágiles cuando se trata de la muerte. Lo pienso en términos generales, no de manera personal.

Hay mucho sentimiento apocalíptico en “Murder Most Foul”. ¿Te preocupa que en 2020 lleguemos a un punto sin retorno, que la tecnología y la hiperindustrialización se opongan a la vida humana en la Tierra?

Claro, hay muchas razones para mostrarse aprehensivo al respecto. Definitivamente hay mucha más ansiedad y nervios que antes. Pero eso solo aplica a las personas de cierta edad como tú y como yo, Doug. Solemos vivir en el pasado, pero esos solo somos nosotros. Los jóvenes no tienen esa tendencia. No tienen pasado, así que todo lo que saben es lo que ven y escuchan, y se creen cualquier cosa. En 20 o 30 años, todos estarán en la delantera. Cuando veas a alguien que tiene 10 años, sabrás que tendrá el control en 20 o 30 años, y no tendrá idea del mundo que conocimos nosotros. Los jóvenes adolescentes de ahora no tienen pasado que recordar. Así que quizá lo mejor es adoptar esa mentalidad en cuanto podamos porque así será la realidad.

En cuanto a la tecnología, nos vuelve vulnerables a todos. Pero los jóvenes no piensan así. Eso no les importa. Las telecomunicaciones y la tecnología avanzada forman parte del mundo en el que nacieron. Nuestro mundo ya es obsoleto.

Una frase en “False Prophet” —“Soy el último de los mejores / pueden sepultar a los demás”— me recordó las muertes recientes de John Prine y Little Richard. ¿Escuchaste su música después de su muerte como una suerte de tributo?

Ambos triunfaron con su obra. No necesitan que nadie les haga tributos. Todos saben lo que hicieron y quiénes eran. Y merecen todo el respeto y aclamación que recibieron. No hay duda. Pero yo crecí con Little Richard. Y él fue mi predecesor. Me dio la energía que necesitaba. Me enseñó cosas que no habría sabido sin él. Por eso pienso en él de manera distinta. John llegó después de mí. No es lo mismo. Los reconozco de manera diferente.

¿Por qué más gente no ha prestado atención a la música gospel de Little Richard?

Probablemente porque la música gospel es la música de las buenas noticias y en estos días simplemente no hay ninguna. Las buenas nuevas en el mundo de hoy en día son como un fugitivo al que se le trata como un matón y se le hace huir. Castigado. Todo lo que vemos son noticias buenas para nada. Y tenemos que agradecer a la industria de los medios por eso. Se agita a la gente. Chismes y ropa sucia. Noticias oscuras que te deprimen y te horrorizan.

Por otro lado, las noticias del gospel son ejemplares. Te pueden dar valentía. Puedes controlar tu vida en consecuencia, o intentarlo, por lo menos. Y puedes hacerlo con honor y principios. Hay teorías de la verdad en el gospel pero para la mayoría de la gente no son importantes. El sexo y la política y el asesinato son el camino a seguir si quieres llamar la atención de las personas. Nos excita, ese es nuestro problema.

Little Richard fue un gran cantante de gospel. Pero creo que fue visto como un extraño o un intruso en ese mundo. No lo aceptaron allí. Y, por supuesto, el mundo del rock and roll quería que siguiera cantando “Good Golly, Miss Molly”. Entonces su música gospel no fue aceptada en ninguno de esos dos mundos. Creo que lo mismo ocurrió con Sister Rosetta Tharpe. No puedo imaginar que alguno de ellos se haya molestado demasiado por eso. Ambos se conocían a sí mismos, no se dejaron influenciar por nada del exterior. Little Richard, sé que fue así.

Pero también lo fue Robert Johnson, aún más. Robert fue uno de los genios más creativos de todos los tiempos. Pero probablemente no tenía una audiencia a la cual dirigirse. Estaba tan adelantado a su tiempo que aún no lo hemos alcanzado. Su estatus hoy no podría ser más alto. Sin embargo, en su día, sus canciones deben haber confundido a las personas. Simplemente muestra que los grandes siguen su propio camino.

En el álbum Tempest interpretas “Roll on John” como un tributo a John Lennon. ¿Hay otra persona para la que te gustaría escribir una balada?

Ese tipo de canciones me llegan de la nada, del aire. Nunca planeo escribirlas. Pero hay que decir también que hay ciertas figuras públicas que simplemente están en tu subconsciente por una u otra razón. Ninguna de esas canciones con nombres designados fueron escritas intencionalmente. Cayeron del cielo. Estoy tan desconcertado como cualquiera en cuanto a por qué las escribo. Sin embargo, la tradición del folk tiene una larga historia de canciones sobre personas. John Henry, Mr. Garfield, Roosevelt. Creo que simplemente estoy atado a esa tradición.

Honras a muchos grandes artistas en tus canciones. Mencionas a Don Henley y Glenn Frey en “Murder Most Foul”, lo cual me pareció sorprendente. ¿Qué canciones de los Eagles disfrutas más?

“New Kid in Town”, “Life in the Fast Lane”, “Pretty Maids All in a Row”. Esa podría ser una de las mejores canciones de la historia.

También te refieres a Art Pepper, Charlie Parker, Bud Powell, Thelonious Monk, Oscar Peterson y Stan Getz en “Murder Most Foul”. ¿De qué modo te ha inspirado el jazz como compositor y poeta en tu larga carrera?

Quizá deba mencionar las primeras grabaciones de Miles en Capitol Records. ¿Pero qué es el jazz? ¿Dixieland, bebop, high-speed fusion? ¿Qué es el jazz para nosotros? ¿Es Sonny Rollins? Me gusta el trabajo de Sonny con el calypso, ¿pero es jazz? Jo Stafford, Joni James, Kay Starr… creo que todos eran cantantes de jazz. King Pleasure, esa es mi idea de un cantante de jazz. No sé; puedes poner cualquier cosa en esa categoría. El jazz data de los locos años 20. A Paul Whiteman le decían el rey del jazz. Estoy seguro de que, si le hubieras preguntado eso a Lester Young, no habría sabido de qué estás hablando.

¿Eso me ha inspirado? Claro, quizá mucho. Ella Fitzgerald me inspira como cantante. Oscar Peterson me inspira como pianista, desde luego. ¿Me han inspirado como compositor? Sí, como “Ruby, My Dear” de Monk. Esa canción me inspiró a tomar la misma dirección. Recuerdo que la escuchaba una y otra vez.

¿Qué papel desempeña la improvisación en tu música?

Ninguno. No hay manera en que puedas cambiar la naturaleza de una canción una vez que la inventaste. Puedes poner distintos patrones de guitarra o piano en las líneas estructurales y partir de ahí, pero esa no es improvisación. La improvisación te expone a actuaciones buenas o malas, y la idea es ser constante. Básicamente tocas lo mismo una y otra vez de la manera más perfecta que puedas.

“I Contain Multitudes” tiene partes sorprendentemente autobiográficas. Los últimos dos versos expresan un estoicismo agresivo, mientras que el resto de la canción es una confesión cómica. ¿Te divertiste lidiando con los impulsos contradictorios de ti y de la naturaleza humana en general?

No tuve que lidiar mucho con eso. Es el tipo de situación en la que acumulas versos de corriente de conciencia y después lo dejas así para pulirlo todo. En esa canción, los últimos versos se escribieron primero. Así que esa era la dirección de la canción desde el principio. Obviamente, el motor de la canción es la frase que la titula. Es una de esas cosas que escribes por instinto, como en un estado de trance. La mayoría de mis canciones recientes son así. La letra es lo verdadero, lo tangible; no son metáforas. Las canciones parecen conocerse, y saben que puedo cantarlas, vocalmente y rítmicamente. Casi se escriben solas y cuentan conmigo para cantarlas.

Una vez más, en esta canción nombras a un montón de gente. ¿Qué te hizo decidir mencionar a Ana Frank junto a Indiana Jones?

La historia de Ana Frank significa mucho. Es profunda. Y difícil de articular o parafrasear, especialmente en la cultura moderna. Todos tienen un lapso de atención muy corto. Pero estás sacando el nombre de Ana del contexto, es parte de una trilogía. También podrías preguntar, “¿Qué te hizo decidir incluir a Indiana Jones o a los Rolling Stones?”. Los nombres en sí mismos no están solitarios. Es la combinación de ellos lo que agrega algo más que sus partes singulares. Ir demasiado al detalle es irrelevante. La canción es como una pintura, no puedes verla completa si estás demasiado cerca. Las piezas individuales son solo parte de un todo.

“I Contain Multitudes” es más como escribir en trance. Bueno, no es como escribir en trance, es escritura en trance. Es la forma en que realmente me siento acerca de las cosas. Es mi identidad y no voy a cuestionarla, no estoy en condiciones de hacerlo. Cada línea tiene un propósito particular. En algún lugar del universo, esos tres nombres deben haber pagado un precio por lo que representan, y están encadenados juntos. Y apenas puedo explicarlo. Por qué o dónde o cómo, pero esos son los hechos.

Pero Indiana Jones era un personaje de ficción…

Sí, pero la banda sonora de John Williams lo trajo a la vida. Sin esa música no habría sido una gran película. Es la música la que hace que Indy cobre vida. Tal vez sea una de las razones por las que está en la canción. No lo sé, todos los nombres llegaron a la vez.

Una referencia a los Rolling Stones está en “I Contain Multitudes”. Sólo por diversión, ¿qué canción de los Stones te gustaría haber escrito?

Oh, no sé. Quizás “Angie”, “Ventilator Blues” y qué más, déjame ver. Ah, sí, “Wild Horses”.

Charlie Sexton comenzó a tocar contigo en 1999 por algunos años y regresó en 2009. ¿Qué lo hace un músico especial? Es como si ustedes dos pudieran leerse la mente.

Charlie puede leer la mente de todos. Sin embargo, crea canciones y las canta también, y puede tocar la guitarra mejor que nadie en la banda. Charlie parece ser parte de todas mis canciones, y siempre ha tocado muy bien conmigo. “False Prophet” es solo una de tres canciones estructurales de doce barras en este álbum. Charlie es bueno en todas las canciones. No es un guitarrista presuntuoso, aunque podría serlo si así lo quisiera. Es muy controlado con su instrumento, pero puede ser explosivo cuando quiere. El suyo es un estilo clásico, muy tradicional. Encarna las canciones en vez de atacarlas. Siempre ha hecho eso conmigo.

¿Cómo has pasado el último par de meses refugiado en Malibú? ¿Has podido soldar o pintar?

Sí, un poco.

¿Puedes ser creativo musicalmente cuando estás en casa? ¿Tocas el piano y creas cosas en tu estudio privado?

Eso casi siempre lo hago en habitaciones de hotel. Una habitación de hotel es lo más cercano que tengo a un estudio privado.

¿Tener el océano Pacífico en tu patio te ayuda a procesar la pandemia de la COVID-19 de manera espiritual? Hay una teoría llamada “mente azul”, la cual señala que vivir cerca del agua es una cura para la salud.

Sí, también lo creo. “Cool Water”, “Many Rivers to Cross”, “How Deep Is the Ocean”. Cuando escucho cualquiera de esas canciones, siento que es como un tipo de cura… no sé de qué, pero una cura para algo que ni siquiera sabía que sufría. Es como una sanación. Es como algo espiritual. El agua es algo espiritual. Jamás había escuchado eso de “mente azul”. Suena a que podría ser algún tipo de canción lenta de “blues”, algo que escribiría Van Morrison. Quizá ya escribió algo así; no lo sé.

No fue agradable enterarse de que, justo cuando la obra ”Girl From the North Country”, que cuenta con tu música, obtenía excelentes reseñas, la producción tuvo que suspenderse debido a la COVID-19. ¿Has visto la obra o visto una grabación de la obra?

Claro, ya la vi, y me conmovió. La vi como espectador anónimo, no como alguien que tenía algo que ver con la producción. Simplemente dejé que ocurriera. La obra me hizo llorar al final. Ni siquiera sé por qué. Cuando bajó la cortina, quedé impactado de verdad. Qué mal que Broadway haya cerrado, porque quería verla de nuevo.

¿Piensas en esta pandemia en términos bíblicos, como una plaga que ha arrasado con las tierras?

Creo que es el precedente de algo que ocurrirá más tarde. Es una invasión, desde luego, y es generalizada, ¿pero bíblica? ¿Quizá te refieres a algún tipo de alerta para que la gente se arrepienta de sus pecados? Eso implicaría que el destino del mundo es algún tipo de castigo divino. La arrogancia extrema puede tener consecuencias desastrosas. Quizá estamos en el principio de la destrucción. Hay muchísimas maneras en que podemos procesar el virus. Creo que solo debemos dejar que siga su curso.

De todas tus composiciones, “When I Paint My Masterpiece” me ha parecido cada vez mejor a lo largo de los años. ¿Qué te hizo traerla de regreso a tus conciertos recientes?

También a mí me parece mejor ahora. Creo que esa canción tiene algo que ver con el mundo clásico, algo que está fuera del alcance, algún lugar en el que te gustaría estar más allá de tu experiencia, algo que es tan supremo y de primer nivel que jamás podrías volver a tu situación previa, pues has logrado lo impensable. Eso es lo que trata de decir la canción, y tendrías que ponerlo en ese contexto. No obstante, al decirlo, aunque sí pintes una obra maestra, ¿qué harás después? Pues, obviamente, tienes que pintar otra obra maestra. Así puede convertirse en un ciclo interminable, algún tipo de trampa. Pero la canción no dice eso.

Hace unos años te vi tocar una versión de “Summer Days” que sonaba como bluegrass. ¿Alguna vez has pensado en grabar un álbum de bluegrass?

Nunca lo he pensado. La música bluegrass es misteriosa y muy arraigada y casi que tienes que nacer tocándola. Solo porque seas un buen cantante, o un buen esto o aquello, no significa que puedes estar en una banda de bluegrass. Es casi como la música clásica. Es armónica y meditativa, pero sedienta de sangre. Si alguna vez escuchaste a los Osborne Brothers, sabes a lo que me refiero. Es una música implacable y no puedes falsificarla. Las canciones de los Beatles tocadas en un estilo bluegrass no tienen ningún sentido. Es el repertorio equivocado, y eso se ha hecho. Con seguridad hay elementos de la música bluegrass en lo que toco, especialmente en la intensidad y en los temas similares. Pero no tengo la voz alta de tenor y no tenemos una armonía de tres partes o un banjo consistente. Escucho mucho a Bill Monroe, pero me apego más o menos a lo que puedo hacer mejor.

¿Cuál es tu estado de salud? Parece que estás en muy buena condición física. ¿Cómo haces que la mente y el cuerpo funcionen en conjunto?

Esa es una gran pregunta, ¿no? ¿Cómo lo hacen las personas? La mente y el cuerpo van de la mano. Debe haber algún tipo de conciliación. Me gusta pensar que la mente es el espíritu y el cuerpo, la sustancia. No tengo idea de cómo se integran esas dos cosas. Simplemente trato de continuar en línea recta y seguir adelante, tener el mismo nivel.

Douglas Brinkley es catedrático Katherine Tsanoff Brown en Humanidades y profesor de Historia de la Universidad Rice. Es el autor de American Moonshot: John F. Kennedy and the Great Space Race”.


Tomado del portal del diario The New York Times