Del 93 (Un homenaje a Fito Páez en su cumpleaños número 56)

Foto: Cortesía

Por: María Acosta

El Espectador

Cuando yo nací, Fito Paéz ya estaba en su cúpula musical, sentimental, de famas y delirios, que lo llevarían a tener una relación con su gran musa, Cecilia Roth. La canción “Te vi” se volvería, sin duda, un himno y dedicatoria para esta gran mujer.

Páez la describiría así:

“Roth fue mi musa, te encendía con su sola presencia, cuando reía todo se iluminaba, fue una época intensa, estábamos viviendo un romance increíble y aparte, yo estaba en mi mejor momento, estaba tocando y dando conciertos; algo maravilloso, explosivo.”

Para ese entonces, yo tendría tan solo un par de meses de nacida, y trece años más tarde, comprendería la importancia del amor; llegaba del colegio a la casa de mis abuelos y encontraba siempre a mi tío Kempes en el rincón de la sala:

– “Venga pala pala siéntese acá y escuche esto”

-“¿Quién es?”

-“Este es Fito Páez, y éste es Charly García”

-“¿Y por qué está triste usted?”

-“Ay, Paula, cuando crezca entenderá lo que es estar con el corazón roto.”

En el dos mil seis, Fito Páez compondría “El mundo cabe en una canción”, pero yo aún estaba en sintonía con algunos álbumes que hablaban de sus musas. Del romance con Fabiana Cantilo, quien fue su apoyo pero también su destrucción, y que los dos decidieron darle un stop. Un día Fabi salió de la casa y no volvió, Fito pasó la noche en vela y compondría “Tres Agujas” una analogía entre “el conflicto y la guerra”, allí terminarían su relación.

Y mientras mi tío me contaba sobre su ruptura amorosa, Fito nos cantaba después de yo llegar del colegio, del almuerzo de mi abuela, en el transcurso de mis tareas sobre el comedor o cuando donde mi abuelo, unas horas después, nos daban onces, a mí, a mi hermana y a mi tío. Recuerdo perfectamente los casetes grabados a los les daba vuelta, para escuchar otras canciones de música argentina:

-“Venga yo le doy vuelta que usted se lo tira”

-“Ay, déjeme”

-“No que esta música hay que tratarla con amor”

-“Bueno, está bien, pero yo quiero darles vuelta…”

“Tumbas de la Gloria” la llevo bastante en mi mente, se encuentra en el álbum “el amor después del amor”, canciones que yo recordaría con mucho aprecio, un tanto larvada por lo ajena a las historias sentimentales, pues vi llorar a mi tío por su exnovia que se llama Gloria. Gloria ahora tiene hijos, ahora es otra vida más, esa vida que no decidió compartir con mi tío, y que ni Fabi, ni Cecilia tampoco lo lograron con Rodolfo. Rodolfo eligió la música y también el cine y a una “Femme Fatale”, cuando las palabras no le alcanzaban. Mi tío, por su parte, eligió la universidad pública, eligió a Fito, a Batman, al seguir siendo un niño, porque los sentimientos no le dieron para menos, sino para más.

Rodolfo, cómo me gusta Rodolfo.

A él le mataron a sus tías y a su abuela, y nace “ciudad de pobres corazones”, canción que me desgarraría sobremanera, por pensar en la lucha frente a la impotencia, la guerra urbana, la intolerancia, ese sentimiento que te ata y te suelta con ira como máquinas, y se suma el paso de saliva, la aceleración, la rabia, e ineptitud, un sentimiento que te quita las ganas, no por la muerte, sino por la injusticia. Mi abuela también murió, no la mataron, pero murió, murió y renació escuchando a Fito, a Bersuit, al flaco Spinetta, y por supuesto a Charly, murió, no sin antes irse escuchando a sus nietas, a su esposo, sus hijas y su adorado hijo, mi abuela tiene su himno, la colocamos con mi tío cuando íbamos en el carro camino al velorio: “Parte del aire”, mi abuela “lo pensó dos veces y se marchó.”

Hay sentimientos recónditos que no se logran explorar al máximo, pero la música de Fito lo logra, lo logró conmigo y con mi familia. Porque a medida que pasa el tiempo vuelven esos pensamientos y sensaciones que uno llega a sentir por canciones como: “Lejos de Berlín”, “Ambar Violeta”, “Sasha Sissi y El Círculo de Baba”, “Volver a mi”, “La despedida”, “Loca tuca De Dios”…

Ya para mis veintitrés años, mi tío me gastó un par de cervezas en la portería del conjunto. Él ahora no era quien me lloraba, era yo, llorando desenfrenada, quien le decía que hoy comprendía, como él me lo había dicho, lo que era tener el corazón roto. Para ese entonces, yo ya no era fiel a Fito, sino que era leal a la vida misma que se defiende sola, al acto de seguir amando, de creer en mundos posibles, y por supuesto de seguir recordando esas canciones que por más que pasen los años, te recuerdan de dónde vienes, esa alma vieja de la que tanto me grita la conciencia, de la ingenuidad misma, que no se pierde en épocas de odio y de desprecio, de esos pobres corazones en ciudades eufóricas, andantes, deseables, carnales, llenas de amor y guerra, dispuestos a seguir, a sentir, a insistir, a resistir.

Feliz existir Fito Páez, “tu vida mi vida.”


Tomado del diario El Espectador