El misterio sobre la muerte de Bon Scott, voz de AC/DC, continúa 40 años después

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Un día de febrero de 1980 el mitificado cantante fue encontrado sin vida en un coche. Cuatro décadas después, siguen saliendo documentos que ponen en duda la versión oficial

Por: Carlos Marcos

Icon / EL PAÍS (ES)

Bon Scott se presentó a la cita con los hermanos Young (Angus y Malcolm) con los dientes arreglados. Días antes se los había partido en una de sus frecuentes peleas y había tenido el detalle de pasar por el dentista para reponerlos. No lo hacía siempre. Era enero de 1980. Angus y Malcolm le habían citado en un estudio de grabación de Londres para mostrarle la música que habían compuesto para el nuevo disco del grupo después del éxito de Highway to hell (1979). Querían que Scott escribiese las letras. Muchas de esas canciones formarían parte luego de Back in black. Bon Scott no llegaría a cantarlas. Un mes después de aquel encuentro fue encontrado muerto en un coche. Fue el 19 de febrero de 1980. Causa del fallecimiento: asfixia provocada por una intoxicación etílica. Tenía 33 años.

Acaban de leer la versión oficial de la muerte de Bon Scott, contada por Angus y Malcolm Young, sus compañeros en AC/DC, y certificada por el departamento policial y médico que se encargó del caso. Para Jesse Fink esta versión es falsa. ¿Quién es Jesse Fink? Un periodista y escritor britanicoaustraliano nacido en 1973 y que ha puesto patas arriba el planeta AC/DC con dos libros prolijos en datos y testimonios: The brothers who built AC/DC y, sobre todo, Bon: The last highway. “No hay ninguna duda de que Bon Scott falleció de una sobredosis de heroína. He reconstruido la noche del 18 de febrero de 1980 hablando con la gente que estuvo con él y esa es la realidad”, señala a Icon Fink.

Las pesquisas de Fink no se frenan ahí. El autor señala que el rudo cantante del grupo australiano no se llevaba muy bien con los Young y que algunas letras de Back in black, el primer disco tras la muerte de Scott (publicado solo cinco meses después de su fallecimiento), están escritas por el vocalista sin ser acreditadas. Habla nada menos que de You shook me all night long. Recordemos que Back in black es el segundo disco más vendido de la historia en Estados Unidos, solo por debajo de Thriller, de Michael Jackson. Es un buen pico el dinero que podrían haber recaudado los herederos de Scott si estuviera firmada por él la letra, y unos cuantos miles los que dejarían de cobrar los hermanos Young y Brian Johnson (sustituto de Scott), que son los que acreditan las piezas.

Según Fink, Scott contaba con 31.162 dólares (unos 28.000 euros) en su cuenta corriente cuando murió, algo bastante ridículo para el cantante de un grupo que estaba escalando a la cima con su disco más vendido hasta la fecha. “Bon y los hermanos Young no tenían una buena relación. No eran hermanos de sangre, como han dicho los guitarristas. Bon cumplía en directo y en el estudio y lo daba todo, pero cuando acababa disfrutaba mucho de su tiempo fuera del grupo”, afirma el escritor. Según el biógrafo, el vocalista estaba “frustrado con las limitaciones musicales” del grupo.

Bon Scott (Forfar, Escocia, 1946; Londres, 1980) era un tipo orgullosamente tosco. Escocés de nacimiento, emigró con seis años a Australia. Eran los años cincuenta y el Reino Unido se reconstruía después de la Segunda Guerra Mundial. Su país les daba desempleo; Australia les ofrecía un trabajo no cualificado, y mejor temperatura. Como muchos británicos desempleados en los cuarenta y cincuenta la familia Scott se acogió al programa Ten Pound Poms, puesto en marcha por las autoridades de Australia y Nueva Zelanda para proporcionar vuelos baratos a la mano de obra británica. También llegó por ese procedimiento la familia Young.

Scott rechazó pronto la escuela. Se le daba mejor trapichear en la calle. Uno de sus trabajos ocasionales como pescador de cangrejos le dio la oportunidad de conocer a un hombre que le marcaría: un tipo duro que llevaba el cuerpo tatuado y anillos en las orejas. Scott quería ser tan bronco como aquel estibador.

Con los años sus episodios violentos subieron de categoría. Si había una trifulca en un bar, allí estaba él. Pequeños robos, encontronazos con la policía. Llegaron los primeros reformatorios. Fue recluido nueve meses en una institución penitenciaria juvenil por falsificación de identidad y robo. Cuando salió, su familia le empujó a ingresar en el ejército para ver si allí le enderezaban. No sirvió. Le expulsaron por conducta inapropiada.

¿Cuál era el siguiente paso para un potencial delincuente como él? Una banda de rock. Formó parte de Spektors, Valentines… En algunas ni siquiera cantaba: tocaba la batería. Su carácter también se iba escorando. Scott no tenía la necesidad de ir provocando. Sabía que a determinadas horas en un bar surgiría el encontronazo y podría enseñar sus puños. Era un alcornoque. Si alguien bebía mucho, él lo hacía más; si uno se subía a un árbol, él escalaba a otro más alto. Este radicalismo lo extendía a su concepto de amistad. “Podías confiarle tu propia vida. Si alguna vez estabas en apuros o en una emergencia, era el mejor tipo que podías tener a tu lado”, dice Wyn Milson, compañero de aquella época, en el libro AC/DC. Hágase el rock and roll, de Murray Engleheart y Arnaud Durieux (Ed. Global Rhythm).

Es en el grupo Fraternity cuando despliega su potente y aguda voz y asoma la imagen que le daría fama, con camisetas de tirantes ajustadas (o directamente con el torso desnudo) y los vaqueros subidos hasta el ombligo y lo más apretados posibles. Gracias a sus escaramuzas musicales entra en contacto con los Easybeats, popular banda australiana de la que forma parte George Young, hermano mayor de Angus y Malcolm. Ya estaban unidos los futuros líderes de AC/DC.

Scott era mal bebedor. Un día fue demasiado lejos. Después de una discusión con su pareja, Irene Thornton (se habían casado en 1972), cogió la moto borracho y terminó empotrándose con un coche. Las consecuencias fueron terribles: estuvo tres días en coma durante los cuales tuvo varias paradas cardiacas. Su carrera como músico no despegaba y la recuperación del accidente fue muy lenta. Un deprimido Scott empezó a dar por perdida su proyección musical y se tuvo que ganar la vida como pintor de brocha gorda o recogiendo percebes.

Pero, por fin, el perdedor Bon tuvo un golpe de suerte. Consiguió un trabajo como conductor y guía de una nueva formación que estaba realizando una gira por Adelaida (Australia), AC/DC. Una banda que no estaba contenta con su vocalista, Dave Evans. Informado del malestar del grupo con Evans, Scott se encerró con la banda en un cuartucho y estuvieron ensayando durante unas horas. Cuando salieron de allí ya habían puesto en marcha un plan para echar a Evans y para que Scott fuera el nuevo cantante de AC/DC. En octubre de 1974 Evans abandona la banda. Scott toma el mando y, paralelamente, se separa de su mujer.

Russell Coleman, batería del grupo en los primeros tiempos, cuenta en Hágase el rock and roll un episodio del temerario Scott: “En una fiesta Bon ingirió una doble dosis de morfina. Una chica me llamó: ‘Tienes que venir a casa, Bon está muerto’. Fui allí y estaba de color azul, tumbado en el suelo. Tuve que llevarlo a un hospital”.

En el escenario era el rey. Pronto sus directos se fueron llenando. El inglés Ian Powell tenía 16 años cuando vio por casualidad a la banda en Liverpool, en una de sus primeras giras por el Reino Unido. “En realidad no sabía quién eran AC/DC. Era un minifestival donde actuaban varios grupos. Cuando salió AC/DC y vimos a ese tipo vestido de colegial [Angus Young] pensamos que eran unos idiotas. Pero Bon Scott nos hizo cambiar de idea. Qué manera de cantar y de controlar el escenario. Recuerdo que se subió a los altavoces, unos cinco metros. Y se tiró desde allí. Todos pensamos que se había matado. Incluso algún miembro de la banda miró, asustado. Pero se levantó y siguió cantando”, comenta Powell, hoy profesor de inglés instalado en Madrid.

La incorporación de Scott fue fundamental para el lanzamiento del grupo. Siete años mayor que Malcolm y nueve mayor que Angus, Scott tenía experiencia en el terreno musical. El cantante profesionalizó a la banda y la posicionó para que llamase la atención de la industria (representantes, discográficas, medios…). Aportó más cosas, como esa voz feroz y una imagen que conectaba con titanes como Robert Plant, de Led Zeppelin. AC/DC nunca fue tan sexual como cuando Bon Scott estaba delante del escenario.

Se sucedieron los discos (High voltage y TNT, 1975; Dirty deeds done dirt cheap, 1976…) donde Scott escribe letras que hoy provocan un arqueamiento de cejas. Era otra época, era un tipo duro y cantaba cosas como esta: “Tienes lo que necesito, nena./ Sacas al hombre de dentro de mí./ Pero lo más importante, déjame decirte, es que mi chica tiene pelotas” (She’s got balls).

Era mediados de los setenta y el grupo nadaba en terreno adverso. El punk había explotado y lo inundaba todo. Pero ellos, tozudos, no se movieron ni un milímetro de su propuesta, boogie rock eléctrico.

Mientras se convertía en un cantante perfecto para los modismos rockeros, Scott proseguía con su vida marrullera. Las peleas parecían levantarle el ánimo. Buscaba la confrontación barriobajera quizá para tener la sensación de que tenía algún control sobre su vida. Pero era todo lo contrario.

La grabación de Highway to hell (1979) fue penosa para los hermanos Young. Scott se retrasaba horas, o no llegaba, o acudía al estudio afectado por el alcohol. El disco se registró finalmente con unos resultados excelentes. Pero hay una corriente de fans que apunta que ya en esta época los hermanos Young tenían la intención de sustituir a Scott. No podían con su indisciplina y su falta de control. Fink da otra versión, pero que lleva a la misma conclusión, que el futuro del cantante no estaba en AC/DC: “De acuerdo con Roy Allen, uno de los amigos americanos de Bon que entrevisté, el vocalista estaba sopesando la idea de abandonar el grupo a finales de 1979. Estaba en su punto más alto respecto del abuso de alcohol y drogas y quería encontrar ayuda para rehabilitarse. Sus actuaciones no eran muy profesionales por esa época. Y mira lo que pasó solo dos meses después”.

Para saber lo que pasó la noche del 18 de febrero de 1980 existe un nombre clave: Alistair Kinnear, el compañero de fiesta del cantante las últimas horas de su vida. Según la versión oficial, Kinnear y Scott estuvieron en varios locales de Londres, bebiendo. Como Scott estaba demasiado borracho, Kinnear decidió llevarlo a su casa en su Renault 5. Al llegar a la casa de Scott, este estaba tan bebido y dormido que Kinnear decidió dejarlo en el vehículo. Le echó una manta, cerró las puertas y se marchó. Al día siguiente apareció el cuerpo del cantante sin vida. Fink ha reconstruido para su libro aquella noche y su versión no es la misma: “Alistair Kinnear era un camello de heroína. Bon estuvo con él aquella noche y tomó la droga y tuvo una sobredosis. La única duda que tengo es si Scott murió en el coche o si lo hizo antes y luego lo metió Kinnear y las otras personas que estaban con él (probablemente tres) en el coche”.

Así contó Angus Young a este periodista en una entrevista para El País Semanal en 2008 cómo se enteró de la muerte de su compañero: «Me llamó una amiga de Bon y me dijo: ‘He escuchado por ahí que Bon se ha muerto’. Yo pensé que era un rumor absurdo. Pero luego me telefoneó otra amiga que nos conocía bastante y me dijo lo mismo. Entonces llamé a nuestro mánager y me lo confirmó. Fue el momento más duro de nuestra carrera».

Y aquí llega otro misterio. Kinnear desapareció después de aquello. Se sabe que vivió en Estepona (Málaga) durante unos años, pero se perdió su pista en 2006. Su cuerpo nunca se encontró, pero existe un certificado de su muerte en el Registro Civil de Madrid en 2015. Un episodio más para acentuar lo intrigante de esta historia.

AC/DC es hoy, en 2020, solo un esbozo de lo que fue. A la muerte de Bon Scott se sumó la de Malcolm Young en 2017 tras una demencia senil; el batería de la formación clásica, Phil Rudd, está fuera del grupo y fue arrestado por asuntos de drogas; Cliff Williams, el bajista, abandonó la banda en 2016 con el argumento de «las cosas ya no son las mismas, todo cambia»; y Brian Johnson, el vocalista, tuvo que apartarse de los escenarios porque podía quedarse sordo, siendo sustituido por el controvertido Axl Rose, de Guns N’ Roses. ¿Quién queda, pues? El incombustible Angus Young, que con 64 años sigue pasándose las dos horas largas de concierto corriendo de aquí para allá con su guitarra. Estos días se rumorea con la vuelta de Brian Johnson e incluso de Rudd.

Para muchos seguidores, Bon Scott es el único cantante de AC/DC. Una teoría bastante atrevida teniendo en cuenta que estuvo en la banda seis años (de 1974 a 1980) mientras que Brian Johnson lleva 30 (1980 a 2016). Además, el disco más exitoso del grupo, Back in Black, está grabado por Johnson. Pero todas y cada una de las noches de las últimas tres décadas que ha salido a cantar Johnson le ha perseguido por el escenario el reflejo burlón de Bon Scott.


Tomado de portal Icon del diario EL PAÍS (ES)