¿Qué queda de Chávez en Venezuela siete años después de su muerte?

Foto: El carismático Chávez presidió Venezuela desde 1999 (con el Movimiento Quinta República hasta la fundación del Partido Socialista Unido de Venezuela -PSUV- en 2007) hasta su muerte. EFE

El expresidente venezolano dejó grabado a fuego el legado socialista en ese país.

La figura de Hugo Chávez, fallecido este jueves hace siete años, inunda cada rincón de Venezuela en forma de pintura, mural, pancarta o canción. Pero el paso del tiempo desafina las notas y difumina la mirada del líder latinoamericano en esos retratos que, hasta hace poco, se mantenían intactos, casi nuevos.

El carismático Chávez, que presidió el país desde 1999 (con el Movimiento Quinta República hasta la fundación del Partido Socialista Unido de Venezuela -PSUV- en 2007) hasta su muerte, dejó grabado a fuego el legado socialista, cuyo testigo tomó el actual mandatario, Nicolás Maduro, avalado por el movimiento al que dio nombre su antecesor: el chavismo.

Los líderes que ensalzan hoy su nombre no dejan escapar la menor ocasión para agradecer y recordar a quien fue una de las figuras más trascendentes de principios de siglo en Latinoamérica y que dejó en sus manos la responsabilidad de dirigir uno de los países más polarizados de la región, pero se olvidan de preservar los iconos a la vista del pueblo.

«Su nombre parece imborrable, al menos mientras el PSUV, fundado en 2007 por el propio  Chávez, permanezca en el poder. En cada evento, cada convocatoria pública, manifestación, acto o reunión chavista, se corea al unísono la consigna «Chávez vive», como si de un eslogan político se tratase.

Pero esa pasión que se grita y se canta ya casi no se puede contemplar en la mayoría de las figuras que daban color a las calles venezolanas, especialmente las de la capital.

El rojo intenso, símbolo chavista, se torna en rosa más o menos claro, y con el brillo convertido en mate. Igual que en vida dominaba y controlaba todo lo que ocurría en Venezuela, tras su muerte su imagen se hizo dueña del paisaje urbano y rural, de tal modo que era imposible que pasase desapercibida a los ojos de quienes recorrían las calles o carreteras del país.

Los ojos de Chávez, el gran hermano

Como si de El Gran Hermano de George Orwell se tratase, tras su muerte,
Chávez seguía vigilando lo que ocurría en Venezuela desde las azoteas más privilegiadas o desde los muros más representativos del país.

Sus ojos, dibujados a gran escala, parecían mirar fijamente a los de cada ciudadano que se atreviese a levantar la mirada y cruzarla con la del líder. Pero aquellos ojos que hasta hace poco intimidaban, hoy apenas transmiten sensación alguna.

Los detractores del chavismo ven -o quieren ver- en esas imágenes, cada vez menos perceptibles, el fin de una etapa que dura 20 años: la era del Gobierno socialista, ahora liderado por Maduro, cuyas fotografías proliferan en detrimento del otrora todopoderoso  Chávez.

Sin embargo, incluso los que quieren interpretar las pinturas deterioradas como el final del mandato de la izquierda venezolana respetan la figura del fundador del chavismo, mientras que las de Maduro son, a menudo, profanadas con pintadas o frases de desprecio.

Maduro, ¿heredero político de Chávez? 

Las imágenes de Chávez en las calles de Venezuela han dado paso a las de Maduro, pero si hay algo que defensores y detractores del chavismo tienen claro es que el actual presidente nunca podrá hacer sombra al que fue el artífice de aciertos o errores que sus herederos buscan emular. Aun sin pretender comparar a uno con otro, es frecuente escuchar en tertulias o conversaciones populares que «Chávez es irrepetible», para lo bueno y lo malo.

Y es, precisamente eso, lo que hace del líder fallecido una figura imborrable, por más que se difumine en las pinturas o por mucho que sus sucesores pretendan pasar página y dar paso a nuevos iconos.

Chávez es una figura histórica por méritos o deméritos propios, reconocido como tal por amigos y enemigos. Y como todo héroe o villano conocido más allá de sus fronteras y años después de su fallecimiento, el fundador del chavismo es «eterno», definido así por los que lo siguen recordando como si fuera un dios.

Su mirada se apaga en las fachadas, sus ojos se hacen cada vez menos perceptibles en los muros, el rojo de su camisa se torna rosado en las pancartas, pero Chávez es un personaje histórico.


Tomado de diairo EL TIEMPO / Agencia EFE