Richard Wagner, el maestro que desató pasiones a ultraderecha y ultraizquierda

Foto: ABC

Un nuevo libro del finalista del Premio Pulitzer y crítico musical Alex Ross trata abordar la compleja figura del compositor alemán que impactó en personajes como Luis Buñuel, Virginia Woolf o Thomas Mann, y que acabó siendo, para muchos, un símbolo de maldad artística

Por: Juan Carlos Delgado

ABC

Hace dos años la radio pública israelí se vio obligada a pedir perdón a sus oyentes por emitir música de Richard Wagner, ya que se agolparon las quejas de los oyentes en la centralita. Se exculparon diciendo que había sido un error. Ya saben, era el músico favorito de Hitler. O también recordamos la mítica frase de Woody Allen en «Misterioso asesinato en Manhattan»: «Cuando oigo mucho rato a Wagner me entran ganas de invadir Polonia». Y es que el nombre del prodigioso compositor alemán siempre se ha visto asociado al nazismo y al antisemitismo, y, siendo cierto este ensalzamiento, un nuevo libro del finalista del Pulitzer Alex Ross explica que Wagner también encandiló a los más izquierdistas, algo que el imaginario popular ha acabado olvidando por apropiacionismo nacionalsocialista.

Pero empecemos echando mano de Andrés Ibáñeztal cual escribió en ABC Cultural. «Wagner, como todos sabemos, era el músico favorito de Hitler. Era un nacionalista alemán. Un antisemita. Un adorador de los mitos germánicos y de las leyendas épicas de caballeros y héroes. El creador de una música ruidosa y militarista que parece incitar al caos y a la violencia. Un adorador de lo arcaico y por tanto un reaccionario. Un nostálgico de tendencias místicas y mesiánicas, con una personalidad y una ideología repugnantes. Creo que no me dejo nada en el tintero, y que las frases anteriores contienen los principales ingredientes de lo que podríamos llamar el «cocktail» antiwagneriano», ironizaba el escritor al inicio de su texto… para posteriormente desmentir muchos de estos prejuicios, que de tan buena salud gozan.

En un adelanto en «The Guardian» del libro de Ross, que se llama «Wagnerism: Art and Politics in the Shadow of Music», se lee: «En las últimas décadas, los académicos han reconstruido una escuela de izquierdismo wagneriano, que ganó aceptación en Europa y América a fines del siglo XIX. Socialistas, comunistas, socialdemócratas y anarquistas encontraron sustento en el trabajo de Wagner. Después de la revolución bolchevique, Wagner tuvo una breve estado de moda como figura decorativa de la cultura proletaria», cuenta. Y explica que el primer revolucionario fue el propio músico, de hecho, que tuvo incluso que partir al exilio.

También sus escritos, como «Arte y revolución», explica Ross que fueron articulaciones creativas de lo que el arte puede desempeñar en una situación de lucha por la igualdad social. Y estas reflexiones fueron explotadas, como sabemos, por Hitler y los suyos pero también previamente por izquierdistas que no por ello encontraron al Wagner verdadero «pero también sería un error decir que lo malinterpretaron».

Aunque Wagner nunca mencionó a Marx específicamente, cuenta Ross, sí hizo referencias dispersas al comunismo, en ocasiones positivas, y también, más a menudo, despreciativas. Escribía también el propio Ibañez: «Se ha intentado interpretar «El anillo del nibelungo» como la epopeya del pueblo alemán, pero hoy en día nadie se toma en serio este tipo de visiones. En realidad, el «Anillo» debe mucho a Feuerbach y probablemente a Marx, cuyas ideas Wagner debía conocer a través de su amigo Herwegh. Thomas Mann afirmaba que la ideología subyacente al «Anillo» podría definirse, a todos los efectos, como «bolchevique», un bolchevismo «avant la lettre» y alimentado por las convicciones revolucionarias y utópicas de Wagner».

Peter Kropotkin, Alexander Herzen, August Bebel, Victor Adler o «el joven George Bernard Shaw, un izquierdista acérrimo que no veía ningún conflicto entre la mitología romántica del compositor y el materialismo histórico de Marx» son algunos de los admiradores de Wagner que llegaron desde el lado más izquierdista. O Ferdinand Lassalle, fundador de la Asociación General de Trabajadores Alemanes, que comentó tras vivir la experiencia del «Anillo»: «Todavía estoy en una excitación interminable como un mar espumoso, y pasarán días y semanas antes de que pueda concentrar el alma lo suficientemente indivisa en las áridas investigaciones estadísticas y económicas a las que se dirige mi próximo periodo». Pero sería en Rusia donde la apropiación izquierdista del músico alemán fue más intensa, con Meyerhold, Eisenstein, el poeta Blok o el mismísimo Lenin, «que era un admirador y la marcha fúnebre de Sigrido se escuchó en su memoria después de su muerte.

En el cierre de este adelanto, Ross plantea: «¿Hitler siempre tuvo razón sobre Wagner? La pregunta flota en el aire mientras la controversia continúa. Cualquiera que aprecie la música del compositor debe aceptar la línea recta que lleva de sus escritos antisemitas a la propaganda nazi. Sin embargo, enfatizar la trayectoria nazi y excluir todo lo demás distorsiona la historia de la recepción de Wagner y le otorga a Hitler una victoria cultural tardía: la posesión exclusiva del compositor que amaba».

En este libro, solo disponible en inglés de momento, se explica como el autor de creaciones tan colosales como «Trisán e Isolda» o «Parsifal» fueron modelos de atrevimiento formal, creación de mitos, libertad erótica y especulación mística que influyó en Virginia Woolf, Thomas Mann, Paul Cézanne, Isadora Duncan o Luis Buñuel, entre tantos otros. Pero que para muchos su nombre aún es sinónimo de maldad artística.


Tomado del portal español ABC