6 curiosidades sobre los olores que tal vez no conocías

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No subestimes el poder de tu nariz: se trata de un órgano que hace agradable e interesante nuestra experiencia gastronómica

Jane Parker*

The Conversation

Además nos advierte de la comida podrida, del vino pasado y de los peligros vinculados con el gas o el humo.

También genera fuertes reacciones emocionales, influye en la atracción sexual y puede usarse como un instrumento analítico sensible.

  1. Saboreamos con nuestra nariz

Muchas personas creen que toda la degustación es realizada con ayuda de nuestras papilas gustativas, pero en realidad estas solo pueden detectar si algo es dulce, salado, amargo, agrio o umami (agradable, sabroso).

La verdad es que también «saboreamos» con la nariz, los ojos e incluso los oídos.

El sabor o, más correctamente, el sabor general que percibimos a medida que degustamos nuestra comida favorita, es una combinación de las señales que recibimos de todos nuestros sentidos.

El trabajo del cerebro es interpretar estas señales y decirnos si la comida está a la altura, si las papas están quemadas, si el repollo está demasiado cocido o si la fruta está madura.

Estos aromas son detectados por receptores en la parte posterior de la nariz que transmiten señales al bulbo olfatorio donde son ordenadas y clasificadas. Luego, la información es enviada al cerebro, el cual nos transmite la calidad e intensidad de los aromas (u olores) que nos rodean y de los alimentos que consumimos.

Cuando decimos que no saboreamos la comida, realmente queremos decir que no podemos olerla.

  1. No todos podemos oler

Alrededor del 5% de la población mundial es anósmica; es decir, que no puede oler.

Este fenómeno puede resultar devastador. Imagínate que tu comida simplemente no sabe a nada, aparte de tal vez un poco dulce o un poco salada, que no logras disfrutar de tus alimentos favoritos y que comer fuera ya no es divertido.

Además, no puedes detectar el olor de un pan mohoso, ni de la leche agria o la pizza quemada. ¿Y si la casa se incendia?

Otra pregunta que obsesiona a las personas anósmicas es: ¿será que huelo mal?

Estas ansiedades a menudo conducen a un estilo de vida insular, a la depresión y a un deterioro de la salud mental .

  1. No necesitas un bulbo olfatorio para oler

Algunas personas nacen sin un bulbo olfatorio, el órgano que anteriormente se creía primordial para la percepción de olores.

Mientras tomaban imágenes cerebrales, un grupo de investigadores se dio cuenta de que uno de sus sujetos no tenía un bulbo olfativo aparente y, sin embargo, obtuvo puntajes normales en pruebas de olor estandarizadas.

El equipo descubrió que el 0,6% de las mujeres pueden oler perfectamente sin poseer un bulbo olfatorio. Esta cifra se eleva al 4,3% en mujeres zurdas.

Pero cuando eres un hombre sin bulbo olfatorio, la evidencia hasta ahora sugiere que estás destinado a llevar una vida llena de comidas insípidas.

  1. Las infecciones virales pueden renovar tu sentido del olfato

El resfriado común es un conocido ladrón de nuestro sentido del olfato, aunque normalmente lo «roban» de forma temporal.

Sin embargo, para algunas personas el sentido del olfato no regresa después de una infección viral como un resfriado común, ni luego de una sinusitis o una inflamación del tracto respiratorio superior.

En algunos casos, la recuperación puede llevar varios años y ni siquiera está garantizada.

La mayoría de las personas desarrollan parosmia (incapacidad del cerebro para identificar adecuadamente un olor) durante las primeras etapas de la recuperación, en la que regresan algunos olores cotidianos pero resultan extremadamente distorsionados y generalmente repulsivos.

Estos nuevos olores son increíblemente difíciles de definir, pero los intentos de describirlos a menudo incluyen palabras como quemado, asqueroso, podrido o cloacal.

El café, el chocolate y la carne parecen ser casos frecuentes. Los investigadores creen que, a medida que las neuronas olfativas dañadas se regeneran o se reparan lentamente, las distorsiones son el resultado de «cables cruzados» en el bulbo olfatorio.

Sin embargo, sigue siendo un misterio cómo sucede esto exactamente.

  1. Entrenar el olfato es mejor que hacer sudokus

Un ejercicio que ayuda a los anósmicos a recuperar el sentido del olfato es el entrenamiento del olfato.

Los investigadores creen que el ejercicio sistemático de las neuronas olfativas estimula su crecimiento y su reparación, de la misma manera que la fisioterapia promueve la curación de lesiones.

La técnica fue pionera en Alemania y consiste en olfatear activamente (y concentrarse) en diferentes olores al menos dos veces al día durante varios meses.

Un estudio reciente, realizado en personas mayores, demostró que el entrenamiento del olfato no solo mejora tu función olfativa sino también tu función verbal y tu bienestar general, lo que demuestra que es una buena manera de mejorar la calidad de vida en personas de la tercera edad.

Algo a destacar es el hecho de que el grupo de control recibió sudokus para completar dos veces al día durante el experimento, lo que sugiere que el entrenamiento del olfato es más efectivo.

  1. Los humanos pueden rastrear olores como los perros

¿Alguna vez te ha sorprendido la capacidad que tienen los perros para rastrear olores y te has preguntado por qué no podemos?

Una investigación hecha en 2017 demostró que, en realidad, sí podemos.

Si bien no tenemos la ventaja del flujo de aire optimizado a través de la nariz de un perro, si practicamos un poco y logramos un nivel olfativo de un perro, podemos rastrear efectivamente los aromas de chocolate en un campo.

*Este artículo fue escrito por Jane Parker, profesora asociada de la Universidad de Reading, especialista en la química del sabor.


Tomado de portal BBC Mundo