«Ante el error del otro, escondamos las armas y tendamos la mano»: Arz. Bogotá

Foto: CEC

Al inicio de la Semana por la Paz que la Iglesia anima cada año, el arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda Aparicio, durante una eucaristía celebrada este 05 de septiembre desde la Capilla del Sagrario en Bogotá y siguiendo las lecturas del día, que hablaban de la oveja descarriada y de la corrección fraterna, señaló que se requiere de valentía para poder decirle al otro con caridad que se ha equivocado.

“Se necesitan profetas de la reconciliación”
El prelado indicó que se requiere valentía para poder decirle “al otro de viva voz, sin aplancharlo, sin condenarlo, que está equivocado” -continuó el arzobispo de Bogotá- “Se necesitan profetas de la reconciliación, profetas del diálogo, profetas de la palabra oportuna para sanar la vida del otro, es lo contrario del diálogo del desquite y del destruir al que se equivoca”.

“Le pedimos a Cristo Jesús que ante el error del otro, nosotros escondamos las armas y tendamos la mano fraterna para corregirlo y no nos equivoquemos anunciando y publicando a grito el error y el pecado del otro (…) Primero demos el paso fraterno de mirarlo, de buscarlo, como el pastor que busca la oveja perdida y con amor corregirlo, eso es actuar con misericordia, con compasión, con fraternidad, allí empieza a ser respetada la vida y allí empieza a haber caminos nuevos de paz para nuestras familias, nuestras regiones y para Colombia”.

Observó que la corrección fraterna supera dos extremos que pueden ser viciosos y que deben evitarse a toda costa: Uno  el desquite, ‘me la hizo, me la paga’ y segundo,  el no corregir o hacernos los de la vista gorda, ‘alcahuetear’, dejar pasar por miedo o porque no hay la fortaleza para hacerlo.

Corrección fraterna en la vida individual, familiar y social
El Arzobispo primado de Colombia, también se refirió a tres momentos de diálogo y corrección fraterna que han de aplicarse en la vida y en la sociedad.

La vida personal. Al respecto dijo que es “necesario que aceptemos el error cuando el otro se acerca con amabilidad, con fraternidad sincera para decirme que me he equivocado, necesito el don de la paz en mi corazón para poder aceptar que me equivoqué y que Dios a través de otro me está mostrando un camino nuevo”.

La vida familiar. Acertó a decir que los padres están en la autoridad de educar a los hijos y de corregirlos pero “no puede ser a los golpes, ni con agresividad porque eso no transforma, ni crea la conciencia del niño o joven que está creciendo, es necesario corregir con amor, con una autoridad llena de misericordia al estilo de Jesús”.

Animó a los padres de familia a cumplir su misión de autoridad en el hogar, corrigiendo a los hijos con valentía en el momento oportuno, pero pidió hacerlo con la oración “no vayan jamás a corregir a sus hijos sin haber orado primero con ellos. Para que de esa manera la palabra sea sanadora, reconfortante e iluminadora para su hijo o hija que se pudo haber equivocado”.

La vida social. Aseguró que esta sociedad se está acostumbrando a la intolerancia, a rechazar al que piensa distinto, incluso al que se equivoca, a no descubrir en el otro el rostro de Dios. “La aplicación social de esta corrección fraterna, lleva a que en nuestra sociedad no tomemos la justicia por nuestras manos, no vayamos a eliminar al otro, a quitarle la vida al otro porque me hace estorbo o porque me hizo daño”.

Reconoció que la reconciliación social, familiar e individual son caminos difíciles, por lo que exhortó a llevarlos de la mano de Dios. “Él es el maestro de la reconciliación, quien nos invita a ser hermanos, quien nos muestra el camino del perdón y del diálogo”.

Agentes misioneros de la reconciliación
En el marco de la Semana por la Paz, y ante la presencia del director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, monseñor Héctor Fabio Henao, quien concelebró con el arzobispo de Bogotá, saludó a los delegados de la pastoral social de las distintas Jurisdicciones del país, quienes desde sus regiones trabajan constantemente por la reconciliación y la paz, ayudando a los más vulnerables de la sociedad.

“Ellos son misioneros de la reconciliación, están en las regiones mostrando como se pueden solucionar los conflictos por la vía del diálogo, del encuentro y del perdón. Hemos sido testigos aquí en Colombia de hombres y mujeres que han pedido perdón y han recibido el perdón por parte de las víctimas”.

En este contexto evocó el momento que se vivió en Villavicencio cuando el Papa Francisco, durante su visita a Colombia, presidió el encuentro de víctimas y victimarios. “Allí se produjo un grito de esperanza, de paz y reconciliación que no podemos olvidar”.

“Cuando el victimario y la víctima se miran a los ojos, se reconocen como hermanos, ahí hay un signo de la presencia de Dios que nos desarma, nos quita todo rencor, nos hace sanar el resentimiento y el deseo de venganza  (…) Es ahí cuando nos encontramos como miembros de una única familia, hijos de un mismo Padre, y podemos entonces darnos la mano, abrazarnos con el perdón”, aseveró.

Un rezo por la paz
El Arzobispo de Bogotá hizo la invitación para que dentro de las actividades que se tienen previstas en la Semana por la paz, el próximo 8 de septiembre,  las familias se unan para rezar el Santo Rosario, ofreciendo cada misterio por la paz de Colombia.


Tomado del portal de la Conferencia Episcopal de Colombia