“Deberíamos compartir la misión de no asesinar a nuestro planeta”

Foto: James Taylor, en Londres el 12 de febrero. CARMEN VALIÑO

James Taylor, uno de los grandes cantautores estadounidenses, publica un nuevo disco de clásicos populares norteamericanos con el fin de valorar el pasado para entender el presente

Por: Fernando Navarro / Londres

EL PAÍS (ES)

James Taylor (Boston, 72 años) se levanta del sofá y se acerca al gran ventanal de la habitación para señalar los edificios que crecen en el horizonte de Hyde Park. “¿Ves? Uno, otro, otro más… Cada vez que vengo a Londres más rápido crecen. Juraría que la primera vez que vine aquí no había ninguno”, dice con una voz templada, ejemplo máximo de la persona educada que recibe al periodista en un céntrico hotel londinense. Al músico le preocupa la velocidad del mundo, entregado a una carrera vertiginosa inducida por el avance de la tecnología. “A una competición”, en sus propias palabras. Por eso, a través de su nuevo disco, American Standard, que se publica este viernes, invita a la calma, como suele ser habitual en este cantautor, que en 2011 recibió la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos -la mayor distinción cultural estadounidense-. Y también invita a algo igual o más importante: “conocer el pasado”.

“Este disco viene de la colección de discos de mis padres. Siempre estaba oyendo música en casa. Son canciones que me recuerdan a mis días en Carolina del Norte”, explica. American Standard está formado por 14 composiciones que pertenecerían a lo que los estadounidenses llaman el Gran Cancionero Americano (Great American Songbook), un catálogo de canciones clásicas de la primera mitad del siglo XX, incrustadas en la memoria cultural norteamericana. “Cuando aprendía a tocar la guitarra de niño, practicaba con muchas de estas canciones. Forman parte de mi primer vocabulario musical. Son composiciones que me han acompañado toda la vida. Estoy muy asociado a ellas”, cuenta.

Fueron banda sonora de la Norteamérica de entre guerras, una época en la que, según Taylor, “la combinación entre música y cultura estuvo en el punto más alto”. De ahí, su “gran valor cultural para Estados Unidos”. De ahí también que hayan sido recurrentes para las grandes voces del país desde Frank Sinatra o Elvis Presley hasta Ella Fitzgerald o Dinah Washington. El último artista en rescatarlas con determinación filosófica ha sido Bob Dylan. “Estas canciones también forman parte de una generación de cantautores, de buenos escritores de canciones. Bob Dylan, Paul Simon, Randy Newman, Carole King, Joni Mitchell… Esta música les educó. Y es importante por las letras”, explica Taylor, que asegura que son canciones con “una marca”. “Están vivas por sí mismas. Son más importantes que quien las canta. No pueden quedarse en un museo”, sentencia.

Con su voz aterciopelada, Taylor, que a los 20 años fue fichado por los Beatles para su sello, Apple Records, destacó desde el primer día por su talento como intérprete de canciones caramelizadas, píldoras aparentemente sencillas de un gran derroche sentimental y en las que demostraba destreza a la guitarra, el instrumento sobre el que sustenta sus cuatro décadas de carrera. “Cuando la compañía discográfica me preguntó que disco estaba preparando, le dije uno de guitarra. Un disco de verdadera guitarra porque estos standards están pasados por el cuerpo de la guitarra”. Sobre ese cuerpo levantó una obra en los setenta con bellos álbumes como Sweet Baby James, Mud Slide Slim and the Blue Horizon y JT, trabajo que publicó con la poderosa CBS tras ficharle a golpe de talonario y que a la postre se convirtió en uno de los discos más vendidos de la historia. “Cuando comencé mi carrera, se vivía un resurgimiento del folk. El folk explosionó. Me benefició”, reconoce, aunque luego tuvo una caída a los infiernos de la heroína que repercutió en la calidad de sus discos en los ochenta y primeros noventa.

Taylor lleva ya muchos años limpio, pero reconoce que ya no tiene la misma facilidad de componer canciones como antes. Con todo, sigue dedicado a defender el territorio del folk, una música que llevó a grandes audiencias. “La música folk siempre le hizo pensar a la gente cómo mantenerse viva”, explica. También ha ayudado a esa misma gente a tener un mapa emocional más completo sobre su pasado, una de las razones por las que American Standard cobra más sentido. “Me preocupa mucho el estado de nuestra sociedad. Ha habido una revolución tecnológica que ha terminado por ser cultural”. Señala el móvil y la tableta digital sobre la mesa y sigue hablando: “El gran cambio empezó en los noventa y en estos años se ha ido produciendo. Ahora vivimos en el comienzo tras el gran cambio de mentalidad. Estamos aprendiendo a cómo comunicarnos en este nuevo mundo tecnológico. Es un aprendizaje difícil”.

Tan difícil que su país se mueve, como gran parte de Occidente, a bandazos. Aparte de ablandar corazones con su música, Taylor es experto en temas políticos y en apoyar la causa del Partido Demócrata en Estados Unidos. Fue de los músicos más activos en respaldar a Hillary Clinton ante Donald Trump. ¿Qué pasó para que EE UU pasara de Obama a Trump? “Honestamente, no lo sé. Solo sé que no me lo creo aún. Hillary Clinton tuvo más votos que Trump”, recuerda y explica que Clinton fue víctima de las noticias falsas, de todo un dispositivo montado por el ejército de desinformación del actual presidente, donde incluye a los rusos. “Podría haber sido una presidenta maravillosa. La primera”.

Puede que, en estos tiempos de la posverdad, las fake-news cumplan mejor su objetivo que los mensajes en la música, pero este septuagenario, que calza gorra inglesa y mira fijamente a los ojos cuando habla, confía en que no sea así. “Posiblemente”, dice tras detenerse unos segundos. “La música ayuda a reaccionar a la gente. Puede hacerte dar cuenta de cosas que de otra manera no habías reparado. Pero a partir de ahí también es necesario el sacrificio”, sostiene.

Se pone de pie y se dirige al gran ventanal de la habitación. El verde de Hyde Park resplandece en el mediodía soleado de Londres. Su guitarra descansa al lado. Taylor invita a contemplar las «maravillosas vistas» y comenta que la gran tarea que tiene el ser humano es «proteger la Tierra». «Deberíamos compartir la misión de no asesinar nuestro planeta», enfatiza. Y se pone a contar edificios, que se ven a lo lejos, como si fueran amenazas que avanzan imparablemente.


Tomado del diario EL PAÍS (ES)