La guerra de Mahler: Música y nazismo en el sur de Chile

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Esta es la historia del sobrino del célebre compositor Gustav Mahler de y cómo las garras del nazismo alcanzaron un lejano rincón de Sudamérica, donde se replicaron las divisiones que se imponían en Alemania.

El apellido evoca inevitablemente al famoso compositor, Gustav. Pero Robert Mahler, su sobrino también músico, cambió Viena por el sur de Chile. Él es el protagonista de la novela «La guerra de Mahler”, del periodista y sociólogo chileno Raúl Sohr.

En medio de una gira por Sudamérica, Robert Mahler, de origen judío, llegó a la ciudad de Valdivia, emblema de la inmigración alemana en Chile. Allí se radicó en 1929, al tiempo que en Alemania se fortalecía el nacionalsocialismo. «Su historia es fascinante y fue la bisagra para recrear en una novela histórica qué pasaba en Europa y esta relación con Chile, que es relativamente poco conocida”, indica Sohr en diálogo con DW.

«Mahler tuvo una carrera importante en Viena antes de venir a Chile, sobre todo con una opereta que escribió con Victor Léon, el gran libretista de opereta austríaco de esos años y autor del guion de «La viuda alegre”. Hay muchas reseñas, se editaron partituras y se grabaron algunas canciones”, dice a DW el musicólogo José Manuel Izquierdo, quien nació en Valdivia y ha investigado al compositor.

Sobre el vínculo con su célebre tío, el también profesor de la Universidad Católica comenta que «Roberto murió antes de que Gustav se hiciera globalmente famoso. Hay una relación bastante misteriosa, hay gente que recuerda que tenía un retrato de Gustav sobre el piano”.

En Valdivia, Mahler compuso, dio clases de violín y piano, y creó y dirigió agrupaciones musicales. «Fue una figura clave, sobre todo en las décadas del 30 al 50. Educó a muchos de los músicos que después formaron el conservatorio de la Universidad Austral, fundó coros y una orquesta que funcionó muchos años animando fiestas y veladas”, destaca Izquierdo.

Conflicto europeo en tierras chilenas

Pero Valdivia no estuvo ajena a los conflictos de la época. «Las tensiones ideológicas europeas se reprodujeron no en toda, pero en gran parte de América. Chile y Argentina fueron países característicos en ello”, explica a DW el historiador chileno Joaquín Fermandois.

«Mucho de lo que estaba pasando en Alemania se replicó en Valdivia, sobre todo en espacios que tenían vínculos fuertes, como la iglesia luterana o el colegio alemán”, comenta Izquierdo. «Según muchos cronistas, Valdivia se convirtió en uno de los principales bastiones nazis en América Latina”, dice Raúl Sohr.

«Los alemanes de Valdivia tenían prohibido escuchar radios de países enemigos. En la novela hay textos que tomé de diarios de la época y de historiadores, en que los nazis recomendaban que bajo ninguna circunstancia hubiese matrimonios mixtos, que los alemanes no se mezclaran con una raza inferior”, comenta Sohr.

Según constató en sus investigaciones, el núcleo nazi fue muy duro con los que no eran de su postura: «Sé de algunos casos en que los amenazaban diciéndoles que si seguían en una actitud pasiva o contraria, tomarían represalias contra sus familias en Alemania y la Gestapo los iba a ir a visitar”.

Huellas musicales e históricas

Chile se mantuvo neutral hasta bien avanzado el conflicto y recién rompió relaciones con el eje en 1943. La colonia alemana gozaba de un gran prestigio, gracias a sus aportes en la educación, el ejército, la ciencia y la industria. «Las simpatías históricas por Alemania son muy fuertes, es un país muy admirado y su migración es considerada la más exitosa de todas”, explica Fermandois, coautor del libro «Chile y Alemania, 1850 hasta hoy”.

El historiador indica que «en su gran mayoría, la colonia alemana estuvo con el Tercer Reich, pero a mi juicio sin diferenciar régimen y gobierno”. En su opinión, «el antisemitismo en América Latina era raro, con la excepción parcial de Argentina”.

«En general, en Chile el antisemitismo no fue especialmente virulento”, concide Sohr. «Robert estaba bien asentado en Valdivia y no fue terriblemente discriminado. Los alemanes residentes eran muy amantes de la música y la mayoría lo quería, le decían maestro y enviaban a sus hijos a estudiar piano o violín con él, sabiendo que era judío”, relata el autor de «La guerra de Mahler”.

No obstante, el músico enfrentó la antipatía del núcleo nazi más duro, y el abandono de su mujer, cantante de ópera de origen alemán, quien lo dejó por ser judío y regresó a Alemania.

«A nivel cultural, hasta los años 20 hubo una división muy clara entre las actividades de chilenos y alemanes. En los años 30 el colegio alemán despidió a los profesores de origen judío o no involucrados y contrató maestros alemanes adscritos al partido nacionalsocialista, lo que generó varios quiebres, que se sumaron a divisiones ya existentes”, aporta Izquierdo.

«Pero esto no fue así en la orquesta de Roberto Mahler y ese es su gran mérito: que integraba a los músicos, así como a las personas que escuchaban”, dice el musicólogo. «Fue el primero que armó una orquesta de chilenos y alemanes” corrobora Sohr.

Sin embargo, algunas huellas de la discriminación perduraron hasta después de la guerra. Cuando Sohr fue a buscar la tumba de Robert Mahler, quien murió en 1953, no la encontró en el Cementerio Alemán. Al comentar que era judío, le dijeron que fuera al cementerio general, donde sí encontró la sepultura.

Personaje histórico y de la música, Robert Mahler está siendo redescubierto. La novela se suma al interés de musicólogos en Chile y recientemente en Viena por investigar su obra, y rescata la singular figura de este compositor y su tiempo.


Tomado del portal de la DW