La UE planta cara a Rusia y Turquía con una misión militar para bloquear la entrada de armas en Libia

Foto: El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, charla con los ministros de Exteriores de Alemania y Luxemburgo, este lunes, en Bruselas. En vídeo, declaraciones del ministro alemán, Heiko Maas. Francisco Seco / AP

Los Veintisiete acuerdan una nueva operación que contará con barcos y medios aéreos para frenar la escalada de tensión alimentada por potencias externas

Por: Bernardo De Miguel / Bruselas

EL PAÍS (ES)

Fragatas turcas. Milicianos rusos. Y dentro de unas semanas, barcos europeos implicados en una guerra civil en Libia que se ha convertido en el teatro de una lucha geoestragégica transcontinental. Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) han acordado este lunes en Bruselas poner en marcha una misión militar, con fuerzas marítimas, aéreas y espaciales, para hacer cumplir el embargo de armas decretado por la ONU contra Libia.

La presencia de barcos europeos en aguas del Mediterráneo intentará evitar que continúe el suministro de armas que alimenta la confrontación entre el Gobierno reconocido por la ONU y apoyado por Turquía, encabezado por Fayed el Serraj en Trípoli, y las fuerzas del general Jalifa Hafter, que intentan el asalto desde el este del país con el respaldo de Rusia desde hace unos meses.

La UE espera contribuir a pacificar Libia y evitar una escalada como la ocurrida en Siria, que en 2015 provocó un éxodo masivo que se tradujo en la llegada de más de un millón de refugiados a suelo europeo.

La voluntad de evitar una nueva crisis migratoria en Europa es una de las razones que lleva a la nueva misión militar en el Mediterráneo. Pero la misión incrementa también el riesgo de roce con las fuerzas desplegadas por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan o con los presuntos títeres del presidente ruso Vladimir Putin.

“Los barcos europeos no estarán allí para pasearse”, ha advertido el Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, tras alcanzarse un acuerdo que solo unas horas antes parecía imposible. “Ha sido uno de los debates más largos e intensos que recuerdo”, ha señalado Borrell. “Pero el acuerdo muestra que cuando hay voluntad política se puede actuar”, ha añadido el jefe de la diplomacia comunitaria visiblemente satisfecho.

Borrell ha logrado superar el rechazo de socios como Austria, que se resistían a aprobar la misión por temor a que los navíos militares recogieran migrantes irregulares en medio del mar. Tras horas de negociación, el acuerdo incluye condiciones que han despejado las dudas de los países que temen un efecto llamada hacia la migración ilegal.

Por lo pronto, el acuerdo supone la extinción de la operación Sophia, puesta en marcha en 2015 y que cubría toda la costa libia. Desde marzo del año pasado, la operación no disponía de barcos, a raíz del veto planteado por Italia durante la etapa de Matteo Salvini como ministro de Interior.

La mayoría de los países de la UE pretendían resucitar Sophia. Pero han tenido que conformarse con una nueva misión cuya área de intervención se limitará al este de la costa libia, según ha detallado Borrell. Esa zona cubre la principal ruta de llegada de armamento, según la información facilitada por los expertos militares a los ministros europeos.

Los países reacios también han conseguido el compromiso de que los barcos militares europeos se retirarán de la zona si se detecta un incremento importante en la presencia de embarcaciones con emigrantes a la espera de ser rescatados. Un efecto llamada que Borrell duda que se produzca pero cuyo riesgo había que despejar para lograr el acuerdo.

A cambio, Borrell ha logrado que la nueva misión mantenga los mismos objetivos que la anterior, incluida la lucha contra las redes de traficantes que explotan las vías migratorias hacia Europa y los programas de formación a las fuerzas libias de control fronterizo.

Algunos socios europeos, según fuentes diplomáticas, incluso eran partidarios de desplegar fuerzas propias en puertos y aeropuertos libios, lo que da idea de la inquietud que genera la crisis libia. La idea, sin embargo, ha sido abandonada de momento, porque requeriría un nuevo mandato de la ONU y, sobre todo, el permiso de las autoridades libias.

Y la propia puesta en marcha de la misión supone un primer gran triunfo para un Alto Representante que dos meses después de asumir el cargo ha logrado reforzar la presencia europea en una zona tan crucial para la estabilidad del continente como el Mediterráneo. Solo 24 horas antes del acuerdo, Borrell insistía en la Conferencia anual de Seguridad en Múnich que “Europa tiene que desarrollar un mayor apetito por el poder”.

Meses de pasividad

«Se trata de la seguridad de Europa», advertía antes de la reunión el ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas. La titular española de Exteriores, Arancha González Laya, ha considerado el acuerdo alcanzado como una señal comprometida de la UE. «Asumimos nuestras responsabilidades y aseguramos la paz en nuestro vecindario», ha señalado González Laya, que ha indicado su intención de que España se sume a la nueva operación militar. «España participa en la misión que existe ahora y no veo ninguna razón por la que España no siga participando en esta misma misión, versión nueva», ha señalado la ministra.

Borrell también ha asegurado que «muchos Estados miembros ya se han mostrado dispuestos a participar» en la nueva operación. El Alto Representante está convencido de que «no habrá falta de activos».

En la operación Sophia (desde junio de 2015 a 31 de marzo de 2020) han participado 26 países, aunque en estos momentos solo hay activos aéreos facilitados por cinco (entre ellos España). Los gastos de personal son asumidos por cada Estado, mientras que la operación cuenta con un presupuesto común que desde julio de 2017 a marzo de 2020 asciende a 13 millones de euros. Sophia, sin embargo, había entrado en decadencia tras la retirada de los barcos y su mantenimiento era sobre todo simbólico para no perder toda presencia en la zona.

La nueva irrupción militar europea pondrá fin a meses de pasividad de la UE, un período en el que el conflicto libio ha pasado de ser una disputa interna alimentada por potencias europeas (Francia e Italia, en bandos contrarios) a transformarse en una lucha internacional en la sombra entre potencias como Rusia o Turquía.

La canciller alemana, Angela Merkel, que teme una catástrofe humanitaria como la ocurrida en Siria, lleva meses intentando mediar sin éxito. Su última iniciativa, una Conferencia de Berlín el pasado mes de enero con todas las partes implicadas en el conflicto, acordó una tregua que nunca ha llegado a materializarse y un embargo de armas violado sistemáticamente desde entonces.

La creciente injerencia internacional en el conflicto y el vacío de poder en buena parte de Libia han desestabilizado un país hacia donde confluyen buena parte de las rutas migratorias del continente africano. Los expertos en seguridad también atribuyen a la crisis libia un papel importante en la inestabilidad sufrida por la zona del Sahel, donde el terrorismo yihadista ha logrado dejar una sangrante huella y amenaza con expandirse a otros países vecinos.

La nueva Comisión Europea, etiquetada como geopolítica, no podía permitirse que la Unión siguiera de brazos cruzados ante un polvorín de tal magnitud al otro lado del Mediterráneo. El acuerdo político para la puesta en marcha de la nueva misión militar, cuyos detalles técnicos están todavía por pactar, supone una victoria para la Comisión y, en particular, para Borrell, su vicepresidente de política exterior. La credibilidad del español sale reforzada con el éxito obtenido en uno de los primeros lances importantes de su nuevo mandato.


Tomado del diario EL PAÍS (ES)