Muere Luis Zapata, uno de los máximos exponentes de la literatura gay en México

Foto: El escritor mexicano Luis Zapata, en una foto de archivo. CULTURA UNAM

El escritor mexicano ha fallecido a los 69 años por complicaciones cardiovasculares

Por: José Carlos Oliva López

EL PAÍS (ES)

El escritor mexicano Luis Zapata, el “vampiro de la colonia Roma”, ha muerto. Uno de los autores más reconocidos de la literatura gay en español falleció la noche de este miércoles a los 69 años. Ganador del Premio Nacional de Novela Juan Grijalbo, por El vampiro de la colonia Roma (1979) y el Premio Quetzalcóatl, por su ópera prima Hasta en las mejores familias (1975), Zapata (Chilpancingo, Guerrero, 1951) se constituyó como una pluma irreverente al exponer un tema hasta entonces tabú en las letras nacionales: el mundo homosexual de la ciudad y sus periferias.

La noticia la ha dado a conocer la secretaria de Cultura, Alejandra Fraustro, a través de su cuenta de Twitter: “Con dolor y cariño nos despedimos de Luis Zapata, pionero de la literatura LGBT+ en México. Creador de novelas experimentales y emotivas, será recordado por la genial ‘El vampiro de la Colonia Roma’ y la monumental ‘En jirones’. Mi pésame a sus familiares y amigos”. El mes pasado se dio a conocer que el narrador había sido internado en un hospital del Estado de Morelos al sufrir un infarto cardiovascular, que derivó en un daño igualmente grave en sus pulmones. Familiares y amigos habían estado solicitando apoyo económico a través de Internet y redes sociales. Pese a que se mantenía la esperanza de que la condición del autor mejorara, la salud del también dramaturgo fue empeorando en las últimas semanas.

Luis Zapata es considerado uno de los máximos exponentes de la literatura LGBT+ por deshebrar de manera acezante un universo entonces oculto, prohibido e inexplorado en la literatura de época. La aparición de El vampiro de la colonia Roma fue una bomba que detonó en los oídos del establishment cultural y de la sociedad mexicana más conservadora de los años setenta.

Esta icónica ficción apareció en un contexto en que la lucha por los derechos de la comunidad gay empezaba a cobrar más fuerza en distintas latitudes: 10 años atrás se iniciaban los primeros movimientos de protesta de la comunidad LGBT a raíz de la represión ocurrida en el bar Stonewall, en Nueva York. Además, su publicación casi coincidió con la primera manifestación homosexual en México. Con su texto, Zapata logró de algún modo provocar y exponer a la estructura machista que reprimía a dicho sector.

La trama de El vampiro… se centra en las vivencias —registradas en supuestas cintas de cassettes— de Adonis García, un prostituto de Ciudad de México que da detalle de las experiencias y encuentros sexuales que tiene desde temprana edad, a lo largo de siete capítulos. La disposición de cómo está contada da cuenta de la naturaleza desdeñosa de la nueva corriente estilística que empezaba a materializarse en el país, en voz de José Agustín, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña; desconoce casi por completo signos de puntuación con el fin de lograr un monologado decantamiento de conciencia, igual que como fluye el pensamiento.

La importancia de gran parte de la obra de Zapata radica en el alumbramiento de los espacios en que se manifiesta la diversidad sexual: bares y antros clandestinos, saunas, tugurios y las mismas calles. “El escritor se encargó de nombrar una subregión de toda la ‘región más transparente’ de la que habla Carlos Fuentes”, dice para EL PAÍS Ariel Rosales, editor y amigo del autor guerrerense.

Rosales menciona que, “aunque no parezca, la literatura de Zapata no está comprometida con la causa; él acaso mostró la configuración del mundo gay”. Sin embargo, la población LGBT+ la ha tomado como un referente del movimiento. Para Rosales, el también autor de En jirones (1985), fue un escritor que trascendió el género. “Fue un narrador completísimo que buscó una experiencia literaria”, e indica que no se trata del tema, sino de cómo se expresa: “Él mejor que nadie pudo dibujar el idiolecto y el caló de los círculos gays de aquella década”, enfatiza.

De él destacan otras novelas, como: Pétalos perennes (1981), La hermana secreta de Angélica María (1989), Siete noches junto al mar (1990) y ¿Por qué mejor no nos vamos? (1992). También escribió para cine Regalo de cumpleaños (2002), y para teatro La fuerza del amor, montada en 1989.

No fue un escritor de reflectores, “no fue alguien a quien le gustara promoverse”, comenta Rosales. Sin embargo, Zapata nunca negó el placer de su oficio: “Siempre me ha divertido escribir y quizá no solo eso, la escritura ha representado muchas veces mi modelo de entender la vida o de no entenderla y de angustiarme menos por la confusión; si tuviera que escoger entre vivir y escribir, escogería, por supuesto, escribir”, confesó en alguna entrevista.


Tomado del portal del diario EL PÁIS (ES)