“Necropsias sirven para obtener información del COVID-19”: médica colombiana del CICR

Foto: María Dolores Morcillo estudió Medicina en la Universidad del Rosario. Ha trabajo como experta forense para el CICR en Kosovo, Chipre y Ucrania. Cortesía CICR

La médica colombiana María Dolores Morcillo Méndez, coordinadora forense para el Líbano del Comité Internacional de la Cruz Roja, explica en detalle por qué el manejo digno de los cadáveres

Por: Alejandra López González

EL ESPECTADOR

es tan importante y cómo es posible lograrlo, incluso en una pandemia como la que afronta la humanidad por el COVID-19.

Uno de los temas más sensibles en la coyuntura actual del COVID-19 ha sido el manejo de los cadáveres de las víctimas de la pandemia. Las imágenes de un sinnúmero de cuerpos en China, Ecuador, Italia, España, Brasil y Nueva York y, sobre todo, la fosa común en esta última ciudad, así como los cuerpos incinerados en las calles de Guayaquil, han dejado sin aliento a muchos. En Colombia se sabe que Bogotá, siendo la capital y la ciudad más grande del país, solo puede enterrar 172 personas al día. En las demás regiones, la situación es dramática. Municipios como Tumaco o Buenaventura, en el Pacífico, ni siquiera cuentan con morgues con suficiente capacidad y en sus cementerios no cabe un muerto más. (El coronavirus, los muertos y los vivos: Pensamientos desde casa, día 17)

Más allá de los protocolos aprobados por la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, la Media Luna Roja, la Cruz Roja y el Comité Internacional de la Cruz Roja, grandes preguntas filosóficas giran alrededor de este tema: ¿por qué es importante proteger la dignidad de los muertos? ¿Es un acto de respeto hacia el muerto en sí mismo, hacia sus seres queridos o hacia la sociedad? ¿Los muertos son sagrados? ¿Qué tienen que ver los rituales con la dignidad de los muertos? ¿El trato hacia los muertos es un reflejo de la humanidad en 2020?

La médica colombiana María Dolores Morcillo Méndez, coordinadora forense para el Líbano del Comité Internacional de la Cruz Roja, ha venido promoviendo el trato digno de los cadáveres desde hace varios años. Como ella dice, “las personas en general piensan que trato digno significa poner el cuerpo en una bolsa, numerarlo, limpiarlo y enterrarlo bien; pero la mayoría de las veces eso no es suficiente. Yo hablaría más de la dignidad de los muertos. Es igual que en cuestiones de género: no es solo tratar bien a las mujeres, sino que exista una política de Estado. El verdadero trato digno de un cadáver es cuando se respeta a la persona y a los familiares, y para eso se requieren regulaciones y políticas, y no solamente un protocolo”.

¿Ustedes tienen información sobre los resultados arrojados por las autopsias de cadáveres con COVID-19 que se han realizado?

Este es un virus nuevo y de comportamiento aún no muy bien conocido. Al principio se hablaba de que la causa de la muerte era una neumonía y una gran afectación pulmonar. Ya hoy sabemos de conceptos donde también se ha encontrado un compromiso del sistema cardiovascular y una respuesta inflamatoria que hace que se produzca una alteración en la coagulación de la sangre. Esto se ha podido establecer gracias a los estudios médicos y de laboratorio, pero también a las autopsias que han ayudado a esclarecer cuál es el daño en el cuerpo humano. En el caso de COVID-19, como en otras entidades, los hallazgos patológicos pueden contribuir a determinar el tratamiento médico. (Familias de Guayaquil se tardan hasta 20 días en saber qué pasó con sus muertos)

¿Hay un panorama general de cuántas necropsias se han hecho y en qué países?

La cifra global no la tengo. Es muy variable, depende también de los protocolos que aplique cada país con respecto a la realización de autopsias en estos casos. Lo que se sabe son publicaciones que han hecho médicos patólogos en China, Italia o Estados Unidos. En todo caso, el número de autopsias hasta el momento es muy pequeño en relación con el número de muertes que hemos observado.

¿A través de estas necropsias se podría determinar la cura o la vacuna?

Sí. Las necropsias sirven para obtener información que pueda ser útil para contribuir a tratar la enfermedad y eventualmente desarrollar una vacuna.

(En Colombia, desde marzo de este año, el Ministerio de Salud restringió la práctica de necropsias para personas que mueran por diagnóstico probable o confirmado del nuevo coronavirus).

¿Cree que con lo que hemos visto en esta pandemia se puede tratar a los cadáveres con dignidad en medio de la tragedia?

Los antropólogos, abogados, filósofos y la comunidad científica tendrán su visión, porque se trata de una discusión filosófica. El trato digno de los cadáveres se ha cuestionado mucho, especialmente en los casos de conflicto y otras situaciones de violencia y con los migrantes fallecidos y el trato que se ha dado a esos cuerpos en el Mediterráneo. Es un tema que está en los foros, se está escribiendo más al respecto y hay quienes piensan que los cadáveres sí tienen derechos. Otros pensarán que solo los vivos los tienen. Pero la discusión ya está dada y ese simple hecho ya es un avance. Es una problemática que requiere una mirada más allá de lo técnico y es cuestionarse si el ser humano, después de la vida, sigue siendo humano, sobre todo en el tema de la memoria. Por ejemplo, si uno va a una morgue y el director tiene los cadáveres apilados, uno encima de otro, y uno pregunta: si fuera su hija, ¿le gustaría que la trataran así? Ahí ya la idea cambia. Ese muerto ya no es una persona viva sujeto de derechos, pero fue una persona alguna vez, tiene familiares que lo recuerdan. No solo la familia, sino las comunidades. Por eso hay rituales en países como México, en donde se honra a los muertos. Mi pregunta es: ¿por qué escala estatal no se refleja de la misma manera? Así como se ha promovido la igualdad de género, los derechos de los niños, la salud mental, es importante que al menos existan movimientos de protección de los cadáveres. (El drama de Guayaquil: donde los muertos no tienen descanso por cuenta del coronavirus)

El CICR tiene protocolos para la protección de los cadáveres. ¿Cree que en realidad preservan la dignidad de los muertos?

La finalidad del CICR es velar por el respeto a la vida, la integridad física y moral, y la dignidad de todas las personas afectadas por conflictos armados y otras situaciones de violencia. Para esto, es promotor del derecho internacional humanitario y de los principios humanitarios. Estas y otras normativas incluyen provisiones legales para la protección de los cadáveres y de los familiares de los fallecidos, para que sean recuperados, identificados, enterrados y que sus objetos personales sean devueltos a sus familias, entre otros. Normalmente se habla de víctimas y se infiere que se trata de víctimas vivas: personas que pierden servicios básicos de agua, techo, comida; heridos y enfermos. Los muertos son también víctimas. El CICR ha producido publicaciones promoviendo la protección de los cadáveres y el trato digno.

¿Cómo ha sido este tema en el marco de la pandemia actual?

El CICR ha preparado una serie de recomendaciones a manera de guía disponibles al público, con orientaciones tanto para el manejo adecuado de los cuerpos como para autoridades y encargados de responder a la emergencia, especialmente en el caso de un aumento masivo en el número de casos. Con esto del COVID-19, muchos países de América Latina y el mundo entero tienen o han desarrollado protocolos de manejo de cuerpos, unos más completos que otros, pero ya los tienen. Pero muchas veces estos protocolos se quedan cortos, porque no hay personal, infraestructura ni recursos suficientes y por falta de apoyo de los Estados a las instituciones que se encargan de la gestión de los cadáveres. Por eso se está tratando de pasar de protocolos a principios y políticas para que, a escala estatal y de organizaciones internacionales que promueven los derechos humanos, se pueda mirar hacia los cadáveres y procurar su protección, su dignidad y respeto en un alto grado.

¿Han logrado hacer un seguimiento al cumplimiento de los protocolos del CICR en el marco de esta pandemia en los países?

Es muy difícil tener una respuesta. El CICR alrededor del mundo, especialmente en los países donde tiene representación, trabaja con las entidades locales para desarrollar y ayudar a poner en práctica planes de respuesta a las emergencias. Se recomienda que los gobiernos, en todos sus ámbitos de acción, se coordinen para proveer una respuesta adecuada y coordinada a esta necesidad humanitaria. Una respuesta en donde la dignidad del fallecido y de sus familiares sea siempre respetada y que se realicen todos los esfuerzos para asegurar una identificación y trazabilidad del cuerpo fiable y oportuna. La red de la comunidad forense en el mundo entero está muy dispuesta y ha desarrollado y aceptado las recomendaciones del CICR, así como las de otras organizaciones. Al menos en cuanto a promoción y diseminación, diría que la respuesta es positiva. Si se están aplicando o no, quizá cada país puede tener una respuesta distinta. Lo que ha servido para muchos países es que la pandemia no ocurrió al mismo tiempo en todo el mundo y eso ha dado tiempo a algunos países al menos para prepararse. Por ejemplo, en América Latina estos protocolos para COVID-19 se empezaron a crear cuando todavía había pocos casos en cada país y seguramente esto va a demostrar que prepararse trae un impacto positivo en la respuesta a cualquier emergencia. (Gobierno pidió cremar los muertos de COVID-19, pero, ¿hay suficientes hornos?)

¿Por qué, existiendo esos protocolos, hay mal manejo de los cadáveres en la guerra, la migración o en desastres como el actual?

En muchos de los casos es porque no hay un sistema médico legal o servicios forenses por parte del Estado que proteja y dé un manejo adecuado a esos cuerpos, o cuando existe es débil o con falta de recursos o simplemente sobrecargado por el número de víctimas y es una problemática global. Por ejemplo, cuando el número de muertos sobrepasa las capacidades de los sistemas locales, ya se considera un desastre y debería haber un plan de respuesta a la emergencia para la atención de los cadáveres que contemple aspectos como crear una morgue alterna, destinar un lugar especial para acumular los cuerpos, enterrarlos temporalmente mientras se pueden exhumar, identificar y entregar a sus familiares. Lo que sucede en muchos países es que no cuentan con planes de atención o de respuesta que incluya la gestión adecuada de los cadáveres. Han sido eventos más bien recientes, como el tsunami, el 9-11 en Nueva York, el huracán de Nueva Orleans o incluso los atentados terroristas, lo que ha hecho que solo algunos Estados hayan contemplado no solo la atención para los vivos, sino también para los muertos; pero en muchos países esos planes no existen. Y la ausencia de esos planes determina, entre otras cosas, el manejo poco digno de los cadáveres. Cuando uno se pregunta por qué ese plan no existe y por qué es tan indigno el trato a los muertos, se llega a conceptos como qué es la muerte, qué es un cadáver y por qué no son atendidos o tratados como otras personas a pesar de que estén muertas. Uno encuentra en todas las religiones que la muerte y sus rituales son muy importantes, tanto para las familias como para las comunidades, pero cuando los muertos no tienen un nombre, esos rituales ya no aplican, se les da la espalda, son cadáveres abandonados, están desprotegidos, reciben un trato muy indigno.

¿Cree que tiene que ver en parte con el tabú y el mito que existe alrededor de la muerte?

Claro. Ese tabú lleva a que, a pesar de que haya personas que se dediquen a tratar los cuerpos, como el caso de los forenses, en muchos contextos, los sistemas médico-legales tengan muchas deficiencias en recursos, infraestructura o entrenamiento, entre otros. No hay recursos financieros adjudicados a esta labor. Si vamos más allá, es por falta de política pública que ponga a los muertos en el lugar que merecen. Yo entiendo que ante una emergencia primero se cuida al que está en riesgo de morir que al que ya murió, pero de todas formas si en una sociedad existiera una política de protección de los fallecidos, los recursos estarían más acordes con lo que se requiere. (Intentaron desplazar a un cadáver haciéndolo pasar por «pasajero dormido» en Ecuador)

Hay quienes consideran que la protección de la dignidad del cadáver pasa también por el derecho a la memoria. ¿Qué piensa usted de esto?

Todos los lineamientos humanitarios consideran derechos como el derecho a la verdad, a la justicia, a saber, a la dignidad y a la memoria. Con respecto a los cadáveres, los principales principios serían la protección, la dignidad y el respeto. Por ejemplo, que un cadáver tenga nombre, pues la identidad es parte del respeto y la dignidad de ese cuerpo. La mayoría de los cadáveres tiene familiares, de manera que ese respeto también cubre a las familias y ahí se amplía al derecho que tienen los familiares a saber, recordar y honrar a sus familiares fallecidos.

¿Ese derecho de los familiares a recuperar el cadáver para poder darle un entierro digno, un ritual, etc., realmente se va a poder cumplir en el marco de esta pandemia?

Es difícil decir si va a pasar o no, pero los protocolos lo recomiendan y llaman la atención sobre ello: que los deseos, intereses y derechos de los familiares y comunidades sean reconocidos y respetados. Si no se pueden respetar porque, por ejemplo, las prácticas de alguna religión generan algún riesgo, pues se pueden tomar medidas y para eso se requiere la comunicación con los líderes religiosos y con las comunidades para poder llegar a acuerdos. Lamentablemente no sabemos si todos los cuerpos se podrán recuperar. Hemos visto en otras circunstancias, cuando el número de muertos sobrepasa las capacidades, que luego ha sido difícil recuperar los cadáveres precisamente porque no hay un enterramiento ni un mapeo adecuado, así que con base en la experiencia eso sucede y no se puede garantizar que no vaya a suceder ahora, especialmente en sitios en donde hay muchísimos cuerpos. Nuestra intención como forenses y el trabajo conjunto de la organización y con nuestros interlocutores es lograr evitarlo.

En el caso de Colombia, especialmente en zonas afectadas por el conflicto, los cementerios disponen de un lugar especial para enterrar los cuerpos de personas no identificadas. ¿Esos cuerpos podrían ser exhumados para poder enterrar muertos de COVID-19?

En países en los que existen leyes para el manejo de cuerpos de personas no identificadas, se garantiza que esos cuerpos tengan un sitio para enterrarlos y las disposiciones de los cementerios en ocasiones no permiten que un cadáver no identificado se exhume para meter a otro, salvo ciertas disposiciones especiales. En ese orden, no se espera que se saquen cuerpos de personas no identificadas para enterrar cuerpos de COVID-19. Lo ideal es que se creen nuevos espacios adecuados para almacenamiento temporal o enteramiento digno y eso son también recomendaciones de los protocolos.

En casos como el de Tumaco, donde las autoridades ya advirtieron que no tienen cómo manejar los cuerpos, ¿qué podría pasar en un eventual caso de contagio masivo?

Es lamentable, pero esos casos ocurren en muchas otras partes del mundo y esa es justamente la acción sobre la que se debe llamar más la atención: si se prevé un número de cadáveres en aumento, desde ya se debe pensar en cómo manejarlos con dignidad y enterrarlos según los protocolos. Hay alternativas de almacenamiento temporal, bien sea en espacios grandes, ojalá refrigerados, o en entierros temporales. La clave es saber que eso puede pasar y si en el cementerio ya no hay espacio, al menos saber en qué sitio se pueden enterrar. Por eso es importante el involucramiento de quienes toman decisiones y trazan políticas para que se piense en estos escenarios y se tomen las medidas que sean necesarias. (Con morgues y funerarias desbordadas, Nueva York busca dónde enterrar a sus muertos)

En Medio Oriente, el tema del islam es fundamental. ¿Cómo ha influido en el manejo de los cadáveres de la pandemia?

El CICR promueve que, dependiendo del origen cultural y religioso del fallecido y sus familiares, se permita la aplicación de los rituales. Si no se puede hacer para evitar contagios, es importante la adecuada comunicación entre el personal de salud y los líderes religiosos, que son quienes pueden autorizar que ciertos procedimientos que son obligatorios en una religión puedan ser obviados o hechos en menor grado. Lo que hemos hecho es, a partir de información y diálogo con expertos en el tema, promover recomendaciones generales en este sentido para que se logre mantener la dignidad y el respeto. Promovemos que se respeten las culturas y los ritos religiosos de las diferentes culturas y no porque una persona tenga COVID-19 y una creencia falsa de que el cuerpo va a infectar a todo el mundo, se vaya en contra de los procedimientos que la comunidad quiere. Hay culturas, por ejemplo, en las que la cremación no está permitida, entonces esa práctica no debería ser una imposición. Hay que tener cuidado y precauciones para el manejo de los cadáveres, pero un trato indigno de los mismos no estaría justificado.

Hay varios países en Medio Oriente con políticas represivas. ¿Esto ha influido de alguna forma en el manejo de las cifras de la pandemia? ¿Cree que se han ocultado las cifras?

Manejamos las cifras que cada país y que la OMS reporta. Estos reportes están basados en las pruebas confirmadas y sabemos que muchos países no tienen la disponibilidad de realizarlas o tienen capacidades limitadas, entonces en todos los países del mundo se estima que haya un número mayor de infectados a los que se han reportado, dado que no todo el mundo está siendo testeado y hay portadores asintomáticos.

Una gran inquietud que surge con esta pandemia es si los gobiernos de países en conflicto pueden hacer pasar un cuerpo víctima del conflicto por un cadáver de COVID-19. ¿Cómo hacer para distinguir unos de otros?

Esta es una situación que no solamente puede pasar en un conflicto armado entre dos partes, sino también en las cárceles, en las muertes en custodia o en muertes sospechosas en donde se use al COVID-19 para no realizar una adecuada investigación médico-legal y así ocultar la verdadera razón de la muerte. En ese sentido, también se recomienda que el COVID-19 no sea razón para no realizar una adecuada investigación conforme al marco legal. El virus no puede ser excusa para no investigar las muertes que hay que investigar.


Tomado de portal del diario EL ESPECTADOR