«Tener que ejercer continuamente el control para ser normal, para sacar adelante una casa, una familia, la propia vida, es una carga inmensa»

Foto: Nuria Barros / Daniel Mordzinski

Lolo es un adolescente de 16 años y lleva un año sin ver a su hermana Lena. Sus padres lo mandaron a Irlanda para alejarlo de lo que estaba pasando en casa. Pero él la extraña y cuando vuelve a Madrid, lo único que quiere es encontrarla.

Diana Massis

HayFestivalQueretaro@BBCMundo

Pero su hermana está enganchada al crack y la heroína. Es una yonki veinteañera que dejó su casa, que rechazó los tratamientos y que ahora vive entre el aeropuerto de Barajas, donde pide dinero, y un narco poblado donde compra la droga y se la mete.

Lolo y Lena son los personajes de «Todo Arde», la última novela de la escritora española Nuria Barrios, una historia que indaga en lo que vive una familia cuando uno de sus miembros se desgaja.

«La familia es el nido del que nacen nuestras fortalezas, pero también muchas debilidades».

«Todo arde» ocurre durante un día y una noche en la que Lolo intenta rescatar a su hermana y se interna con ella en su mundo de sombras.

«Da lo mismo que fumes la droga, que la esnifes, que te la metas en vena o por el culo… El resultado es el mismo. Cuanta más droga tienes, más consumes y, cuanto más consumes, más dinero necesitas… Lena tiene mucha ansia, siempre quiere más.»

No es la primera vez que Barrios escribe sobre una chica toxicómana y sobre estos ambientes.

También lo hizo en su libro de relatos «Ocho Centímetros» y en su volumen de poesía «La luz de la dinamo».

«Me interesaba trabajar la fina línea que separa la normalidad del desastre».

Doctora en filosofía y también periodista, Nuria Barrios será parte de los diálogos del Hay Festival Querétaro, que se realiza de forma virtual la primera semana de septiembre.

La historia comienza en el aeropuerto de Barajas, donde Lolo va en busca de su hermana y ciertamente allí uno se encuentra con toxicómanos…¿Por qué elegiste ese lugar?

El aeropuerto es un lugar de tránsito, tiene un carácter un poco febril, hay una multitud, pero siempre es distinta, fugaz.

Es un espacio público y por eso, si te fijas, ves a toxicómanos e indigentes que lo han convertido en su casa.

Realidades aparentemente opuestas conviven allí: el ejecutivo que viaja a Nueva York o a Ginebra, a hacer un negocio, con el yonki que utiliza los lugares sin tránsito para dormir.

Ese espacio es un observatorio de uno mismo, porque uno solo ve lo que decide mirar, puedes tener todo delante de ti y si has decidido no mirarlo, no lo vas a ver.

Lolo lo recorre buscando a Lena, está decidido a encontrar a su hermana, ¿por qué necesita salvarla?

Lolo tiene 16 años. En él se juntan la ingenuidad de esa edad y también la audacia y la valentía que tiene uno con esos años.

A pesar de lo joven que es, intuye que mientras su hermana no esté, la familia está condenada. Sabe, aunque no sea de forma racional, que mientras Lena esté perdida, todos están perdidos. Que lo que le ocurra a su hermana va a marcar el destino de toda la familia, su felicidad, su existencia entera.

Entonces, su decisión de ir a recuperar a Lena, en realidad, es una decisión de salvar a todos, incluido él mismo.

¿Por qué escoges una relación de hermanos?

Cuando se habla de la familia casi siempre se trata del vínculo vertical de padres e hijos, que es un vínculo de responsabilidad.

Los padres son responsables de sus hijos por haberlos traído al mundo. Hay una especie de obligación natural de unos hacia otros. También de rechazo natural de los otros hacia los unos, porque es una estructura vertical.

Me interesaba mucho más un vínculo como el de los hermanos, que es horizontal.

¿Cómo describes ese vínculo?

Carece del sentido de obligación, entre hermanos es posible tanto el amor como el odio. Creamos con ellos un vínculo muy fuerte porque compartimos la infancia, que es un período fundamental de formación, pero ese vínculo tolera los dos extremos, el espectro de Caín y Abel y el espectro de Hansel y Gretel.

Tolera matar al hermano y tolera salvarlo. Y normalmente la relación se mueve entre los dos extremos.

Esa ambivalencia me parecía fascinante, porque permitía que Lolo pudiera tener la libertad de irse o quedarse con Lena, sin sentirse responsable del resultado.

¿Qué pasa en una familia cuando uno de sus miembros es toxicómano?

Cuando hay un toxicómano o un ludópata o cualquier persona con un problema de autodestrucción, se instala un sufrimiento que tiene distintos picos de gran intensidad y con el tiempo se convierte en una aceptación.

Pero el sufrimiento es como las brasas, como las ascuas que nunca se apagan y eso es un elemento de desgaste para toda la vida.

Es un daño irreparable, una pérdida que obliga a plantearse muchas cosas que nunca hubieran imaginado. Les obliga a plantearse ¿a qué obliga el amor? Una pregunta nada sencilla.

«Cuando la conocí, Lena era una chica muy guapa: tenía tetas, tenía culo… Y mírala ahora… Yo no quiero que acabe de puta». Es parte de lo que Lolo escucha esa noche. Que esa hermana robe o se prostituya empieza a ser parte de la realidad de esa familia, ¿cómo se encaja?

Te pone muy cerca de situaciones que jamás habrías imaginado, te las hace reales. También te hace comprender la línea tan fina que separa la normalidad del desastre, lo que significa la pulsión de autodestrucción y el aceptar que eso forma parte de la vida.

Comprender qué significa poder salvar o no salvar a alguien. ¿Cómo salvar a otro? Es un concepto que está muy lejos de nuestras manos.

Aceptar también lo que hay de autonomía en cada existencia, también para destruirse. Es una experiencia tremenda.

Hay un momento en que Lena explica por qué consume y dice: «Es una sensación de paz. Te relajas tanto que se te olvida hasta respirar. Es lo más parecido a dejar de vivir». ¿Puede ser una opción llevar esa vida o la droga siempre es una enfermedad?

El Griego, el amigo de Lena, se lo dice a Lolo: ninguno de los que estamos aquí queremos morirnos, no es la voluntad de muerte lo que nos trae, no venimos a matarnos.

Históricamente nos hemos acercado a la droga en busca de una experiencia de placer y de liberación, de romper las esposas que impone la realidad, la dura carga que supone vivir.

Tener que ejercer este control continuamente para ser normal, para sacar adelante una casa, una familia, la propia vida.

Eso es una carga inmensa y la droga ofrece esa libertad, quitarte ese fardo enorme del que nunca nadie habla.

Nadie…

Ser «normal» parece una opción fácil y es muy jodida, requiere un esfuerzo inmenso.

Pero lo que ofrecen las drogas hoy está completamente trastocado por el negocio, que es ilegal o alegal, que crea guetos donde la droga no está controlada, donde se permite el deterioro de las personas hasta convertirlos en desechos humanos viviendo en auténticas cloacas, personas que efectivamente están enfermas porque quedan fuera del sistema sanitario.

Todo eso hace que lo que era una experiencia de placer, por toda la hipocresía que hay detrás, se convierta en una experiencia de tormento espantoso.

Todo ocurre en un narcopoblado donde se vende y se consume la droga en fumaderos, y lo recreas como una bajada a los infiernos, ¿conociste estos lugares de primera mano?

Me pusieron en contacto con una familia que vendía droga y cuando se dieron cuenta de que yo no representaba ningún peligro, me dejaron entrar en el fumadero.

Nunca grabé, no llevé boli, ni papeles. Llegaba, me sentaba, miraba y escuchaba. Me convertí en un mueble de aquel fumadero, siempre con la sensación de que en cualquier momento la aparente tranquilidad podía convertirse en una pesadilla.

Quería empaparme del lenguaje y saber cómo funcionaba, porque tienen una apariencia tremenda, pero bajo ella, hay un negocio perfectamente montado, con una eficacia extrema.

Aquello funcionaba como un reloj suizo donde clientes y vendedores sabían perfectamente cuál era el mecanismo.

Pude ver las relaciones de familia, de amistades, de negocio y ver el poblado como un reflejo grotesco de la estructura social en la que vivimos.

Luego leí a los clásicos y tuve la intuición de que el Hades de los griegos se podría aplicar perfectamente al narco poblado.

Los yonkis eran un reflejo de las almas de las personas muertas en la mitología.

¿Y cómo funciona específicamente un fumadero?

Todas estas viviendas, como son un negocio, ofrecen al cliente un espacio que es el fumadero, donde pueden consumir y pueden quedarse.

Entonces consumen, les hace efecto y cuando se les pasa el efecto, compran de nuevo.

Es exactamente igual que una tienda: vas, te pruebas la mercancía, la devuelves, te pruebas otra cosa y mientras tanto estás ahí.

Es la cortesía del vendedor que ofrece al cliente un espacio donde no es molestado.

Los fumaderos están en la trastienda y acceder a ellos es muy complicado, solo entras cuando vas a comprar.

Lena es una yonki, este término se usa mucho en la jerga española. ¿Qué connotación tiene?

Viene del inglés junk (droga dura), junkie (adicto) y por deformación llegamos al yonki que es negado, apartado, es el «otro» absoluto.

Una persona que ya está enganchada y que necesita ir a un centro de desintoxicación, que está más allá que acá.

En el caso de Lena, elegí que no estuviera completamente deteriorada, sino que todavía le fuera posible salir, un personaje de frontera, donde se juntan actitudes aparentemente contradictorias: es el héroe y en cinco minutos puede ser el villano, es el traidor y media hora más tarde se convierte en el salvador.

Me parece que esa ambivalencia se acerca a lo que somos, a nuestra naturaleza.

«¡Estará drogada! —profirió la madre, fuera de sí—. Eso es lo único que le importa. ¡No le importas tú, ni nosotros, ni nadie! Sólo le importa la droga». En el intento de rescate, la familia también sufre una victimización, ¿cómo es ese proceso de lucha?

Una persona drogadicta al final se convierte en una cáscara vacía.

La droga la va vaciando y al final no queda más que la pulsión de consumir para no sufrir, de conseguir dinero para consumir y no sufrir el mono.

Pero la familia juega todos los papeles, con esa gama inmensa de reacciones, emociones, sentimientos encontrados.

Hay un componente de culpa terrible y de ella uno se defiende por la victimización.

Cómo vamos a ser culpables si somos víctimas en una situación tan compleja. Yo comprendo que se toquen todas las teclas posibles para intentar mitigar el daño.

También hablas del síndrome del traje del emperador, la familia se aferra a las mentiras -como que Lena estaba buscando un centro de rehabilitación adecuado-, para creer que es posible la salvación…

La literatura es una gran mentira, a través de ella uno busca la verdad e indagar el sentido o el sin sentido de la vida.

La mentira es una parte esencial de nuestra existencia, puede tener muchas motivaciones.

Los padres de Lena y el mismo Lolo se han mentido a sí mismos porque no querían ver lo que tenían ante los ojos. Lena le miente a los demás y a sí misma, también al Griego y el Griego le miente a ella.

¿Cómo escapas del nudo de mentiras? Todos se han mentido y se seguirán mintiendo porque al final es una defensa, uno se miente para no sufrir.

Mientras descubre que su hermana está en el abismo e intenta afirmarla, Lolo no desiste, ¿está en lo correcto?

Lolo había tenido problemas de tartamudez cuando era pequeñito y era su hermana la que había estado. La recuerda cantando con él, convirtiendo lo que para él era una herida, en un juego.

Lolo tiene esa deuda con su hermana. Y en un momento las tornas han cambiado. Si antes era ella la que estuvo junto a él, ahora él quiere estar junto a ella.

Sabe que no es posible seguir adelante como si Lena nunca hubiera existido, como si bastara que la madre retirara sus retratos para que ella dejara de existir.

«Lolo oyó un gemido.

—Sé que enterraré a mi hija.

—¡No digas eso!

—Es la verdad. El psiquiatra me está preparando.

¿Cómo reacciona Lolo a ese diálogo con su madre?

Imagínate, pero es la manera en que muchos padres y familiares de personas en esta situación se lo plantean.

Tampoco nos resulta extraña esa frase. Hemos oído más de una vez el decir «tú has muerto para mí».

Pero para llegar a esa frase hubo un trayecto vital que han recorrido los padres, aparte de que sea una frase que responde a un desahogo.

Cuando la madre le dice ¿por qué crees que tú vas a conseguir lo que nosotros no hemos conseguido?, él le dice: porque vosotros sois los padres y yo soy su hermano.

Lolo comprende que su posición es diferente, son amores distintos, el daño también.

¿Cuál es el daño para los padres en estos casos?

Enorme, inmenso. Es como matar una parte de ti. No porque tú intentes hacer real esa frase de ´has muerto para mí´. Es que parte de ti se seca.

¿Y para el resto?

Por grande que sea la sombra, no será nunca la de los padres.

La familia es un concepto muy complejo, no se reduce a la suma de sus partes. Si así fuera, que una de las partes desaparezca, convertiría la suma en una sustracción.

Pero hay un componente emocional que tiñe todo. Que un hijo entre en un camino de autodestrucción, condena a los padres a acompañarlo en el sufrimiento.

Mientras el hijo sufra, los padres sufrirán, mientras el hijo no descansa los padres no descansarán e incluso entonces, la culpa seguirá haciendo su trabajo hasta el final.

El vínculo marca nuestra existencia con todo lo que significa de bendición y de condena total.

La droga en la novela es una herramienta para hablar de cosas que nos atañen a todos: ¿qué somos como sociedad?, ¿qué significa la oscuridad como origen del conocimiento?, ¿a qué nos obliga el amor?

¿Y a que nos obliga el amor, Nuria?

Nos obliga a ser héroes y al mismo tiempo a salvarnos a nosotros mismos.

Ojalá yo pudiera tener respuestas, pero en este caso, creo que son mucho más interesantes las preguntas.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realizará virtualmente entre el 2 y 7 de septiembre de 2020.


Tomado del portal BBC Mundo